Martes, 26 Septiembre 2017

Estados

Municipio Sucre

Capital: Maripa.
Superficie: 46.163 Km.2.
Población: 16.587 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Maripa, Aripao, Moitaco, Guarataro y Las Majadas.
Temperatura promedio: 25 ºC y 35 °C.

Maripa que seguún la voz Kariña significa Murciélago, formo parte del territorio Federal Caura, cuya creación fue el 9 de febrero de 1882
por Antonio Guzmán Blanco, para entonces Presidente de la Republica de Venezuela, con la intención de explotar la madera y la sarrapia que abundaba en el territorio del río Caura.
Maripa era uno de los pueblos que comprendía el departamento de Heres. Actualmente es la capital del Municipio Sucre y cuya historia prehispánica esta bañada en sangre y heroísmo.

En 1800 pasaron por esos territorios del Caura Humbodt y Bompland, los famosos expedicionarios del viejo continente, cuyas anotaciones fueron de mucho interés para el conocimiento de la riqueza de estos pueblos indígenas. Fue en Maripa, en 1816 donde Manuel Piar, al frente de su ejército libertador, liberó una de las más grandes batallas de la campaña libertadora de Guayana.

Sitios de interés:

  • Salto Pará.
  • Tepuy Jaua-Sarisariñama.
  • Balneario Raudales de Moitaco.
  • Balneario El Bongo.
  • Puerto de Pescadores de Maripa.
  • Río Caura.

Llegar al Municipio Sucre donde conviven 13.481 pobladores (Censo, 2001), es impregnarse con los aromas de la sarrapia, árbol emblemático del Estado Bolívar, seguún decreto de mayo de 1952, cuya flora se extiende de forma natural a lo largo de la cuenca baja del río Caura.

Desde que arribamos a su capital Maripa, fundada en 1752, la sarrapia, con sus casi 30 metros de altura, nos permite disfrutar no sólo de su sombra sino de su aroma penetrante por el cual se disputaban muchos comerciantes del Viejo Mundo, a principios del siglo 20.

Su nombre científico es Dipteryx punctata y su fruto es parecido al mango por sus hilachas, con una cáscara semejante a la piel, con poca pulpa, no muy sabrosa más bien insípida y olor penetrante, que contiene una semilla grande de la que se extrae la cumarina, una sustancia blanca aromática parecida al azuúcar muy apreciada por el mercado internacional debido a su utilización en la elaboración de tabacos, perfumes y alimentos.

Aunque su comercio comenzó a decaer en el año 1965, la explotación de la sarrapia es todavía muy comuún en la zona de Maripa, especialmente durante los meses de febrero y marzo, llegándose a cosechar toneladas de semillas destinadas a la exportación. También predominan en esta zona otras especies forestales como purguo o balatá (Manilkara bidentata), puy (Tabebuia seratifolia), palo blanco (Piptadenia leucoxylon ), zapatero (Teltogyne porphirocardia), algarrobo (Hymenaea courdaril) y pardillo (Cordia alliodora).

De ahí que Maripa, ubicada en la margen derecha del río Caura y conocida en lengua indígena como "murciélago", combina la explotación sarrapiera y forestal con su tradición agropecuaria en suelos libertarios. La historia cuenta que en el siglo 18 hubo una batalla sangrienta entre los indígenas Cabres y los Caribes; pero también, en suelos de Maripa se escenificó una de las batallas emprendidas durante la Campaña Libertadora de Guayana comandada por el General Manuel Piar contra el ejército realista el 30 de diciembre de 1816.

Además de recorrer estos parajes tan pintorescos y llenos de historia, podemos internarnos más al suroeste, en la misteriosa región donde nacen los ríos Caura, Erebato y Ventuari. Misteriosa por encontrarse en ella las cavernas más antiguas y amplias del mundo, hoy protegidas bajo la figura del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama. Estas simas poseen una flora y fauna altamente endémica en los tepuyes o mesetas conocidas como Jaua-Jidi, Sarisariñama Jidi y Guanacoco-Jidi, macizas de arenisca del Triásico o Jurásico, que tienen una altura entre 2500 y 2300 msnm.

En la meseta del Tepuy Sarisariñama encontramos la caverna con mayor profundidad vertical de 350 metros, un diámetro de boca de 352 metros y 502 metros de diámetro de fondo. En febrero de 1973, cuando se organizó la primera expedición liderada por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, a los científicos les tomó nueve horas descender la sima que fue bautizada con el nombre de Humboldt en honor al naturalista y explorador alemán que remontó el Alto Orinoco en 1799.

Entre los 40 monumentos naturales que existen en Venezuela dedicados al estudio y a la recreación, el municipio Sucre cuenta con la formación montañosa llamada Sierra Maigualida, que abarca 7 mil kilómetros cuadrados y constituye el límite entre los estados Amazonas y Bolívar. Es el hábitat de la etnia HotÏ, grupo aborigen poco intervenido por la cultura occidental, de apenas 826 indígenas (Censo IVIC, febrero 1999) dedicados a la recolección, caza, pesca, y en menor grado a la agricultura.

Municipio Sifontes

Capital: Tumeremo.
Superficie: 6.182 Km.2.
Población: 69.037 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Sifontes, San Isidro y Dalla Costa.
Temperatura promedio: 25°C y 35 °C.

La creación de Tumeremo fue en el año 1788. Muchos años después de su fundación, el gral. Antonio Domingo Sifontes, lucha contra los realistas para liberar Tumeremo del reino de España, al ser liberada la ciudad de los realistas, los sobrevivientes españoles fueron encarcelados y condenados a muerte, (éste general le puso nombre al municipio Sifontes, pero el municipio realmente se llama municipio gral.

Antonio Domingo Sifontes, pero se le abrevia con Sifontes. Desde ahí, la ciudad fue una gran ubicación y cuartel para los soldados patriotas comandados por Simón Bolívar, el libertador de Venezuela. Tumeremo tiene una importante actividad agropecuaria, maderera, de silvicultura (explotación racional de bosques) y una exuberante flora y fauna.

Sitios de interés:

  • Piedra de la Virgen.
  • El Salto del Danto.
  • Museo del Oro.

Tumeremo…la culebra pintada

Paisajes de lomas y colinas bajas con pequeños valles encajados nos acompañan al entrar al territorio del Municipio Sifontes cuya capital Tumeremo nos acoge al calor de la intensa actividad minera, maderera y ganadera que se desarrolla en la tierra de la "culebra pintada".
Tumeremo, que en dialecto aborigen significa culebra pintada, fue la última de las misiones fundadas por los capuchinos catalanes en 1788 bajo la protección de Nuestra Señora de Belén de Tumeremo, asentada en una loma de sabana con lagunas y manantiales aledañas cuyas tierras son negras, coloradas, areniscas y frescas (Rodríguez, 1964).

Con la instauración de esta misión, los capuchinos querían detener el avance de los holandeses que estaban en posesión de la región del Esequibo (actual Guyana) y extender sus tierras ganaderas (Fernández, 1995). A comienzos del siglo 20 y durante cuatro decenios (1890-1930), vivió una época floreciente debido a la explotación del balatá, oro y diamantes que se exportaban a Europa y Las Antillas.

El balatá, un producto extraído de un árbol conocido como el purguo (Manilka bidentata), fue muy solicitado para la fabricación de goma y cauchos lo que representó una importante actividad económica de la época, pero a un costo ambiental muy alto. Uslar Pietri en su artículo "sembrar el petróleo" refiere que en la región del Cuyuní se tumbaban en promedio nueve mil árboles de purguo por día.

Hoy en día, con una población de 26.947 habitantes (Censo, 2001), el Municipio Sifontes es un importante centro de comercios y servicios para la actividad minera que se desarrolla en la zona, sin dejar su vocación agropecuaria y maderera. Además, se perfila con un alto potencial en la cadena turística por ser puerta de entrada al Parque Nacional Canaima. Pero antes de seguir rumbo al extremo sureste del Estado Bolívar en busca de los paisajes más fascinantes que alberga el sexto parque más grande del mundo, con una extensión de 3 millones de hectáreas, podemos disfrutar de un rico palo a pique que, a diferencia del que hacen en El Palmar, aquí se prepara con caraotas negras, arroz y carne.

También podemos degustar el tuma, una de las comidas típicas de las comunidades indígenas a base de pescado seco. A la salida de Tumeremo una extensa área de pendientes suaves nos acerca hasta el pueblo de El Dorado, emplazado en las orillas del río Cuyuni y asiento de la penitenciaría conocida como Colonia Móvil del Dorado. El viajero puede imaginarse lo misterioso y lo espectacular de un río que bordea la famosa cárcel que junto a la explotación del oro y los productos madereros constituyen el motor de la economía de este pueblo que nació en 1894, como centro de la Comisaría de Fronteras a fin de frenar la penetración inglesa en tierras de Guayana (Hernández, 1987).

Aquí, la regularidad topográfica es interrumpida por la presencia de cerros conformados por rocas más resistentes de las llamadas cinturones verdes de anfibolitas, soportes de las tierras bajas onduladas. Al pasar el río Cuyuní observamos con nostalgia al antiguo puente construido por la misma empresa que edificó la Torre Eiffel en París, que se yergue aún imponente a un lado del puente nuevo.

El paisaje de penillanuras continúa, pero su visualización es limitada por la extraordinaria presencia de los bosques que flanquean ambos lados de la vía, son 80 kilómetros de selva con pequeños núcleos de poblamiento indígena, criolla y en mayor cantidad, comunidades pequeñas de mineros.

A lo largo de este trayecto podemos escuchar el trinar del pájaro capuchino (Perissocephalus tricolor), ave emblemática del Municipio Sifontes poseedora de un canto muy particular parecido a un lamento que impacta además por su cara azul, cabeza calva y un cuerpo de plumaje rojo intenso.,

Al traspasar el Kilómetro 88 comenzamos ascender la denominada Sierra de Lema que en realidad consiste en la vertiente septentrional de la altiplanicie de la Gran Sabana, una de las regiones más fascinantes de todo el planeta. Al llegar al sitio de la Piedra de la Virgen nos hechiza la imagen blancuzca que da origen al nombre de esta colosal mole de diabasa, una primitiva roca ígnea intrusiva de extraordinaria dureza imposible de ser volada con explosivos cuando se construyó la carretera en 1973, lo que explica la acentuada pendiente de la vía.

En este tramo, con suerte, podremos escuchar al pájaro campana que con su peculiar canto nos invita a voltear la mirada para disfrutar de la espectacular vista del paisaje que ha dominado la penillanura del norte dejada atrás, donde el verde intenso se difumina en una lejanía infinita, reveladora de ese paraíso ecológico que es el Estado Bolívar.

A partir de este momento vamos dejando atrás los límites del Municipio Sifontes para internarnos "Tierra adentro", como exclama Manuel Pérez Vila, en el territorio del Wazaká o árbol del mundo en lengua indígena pemón, donde la imaginación se expande sin límites al contemplar la grandeza de un escenario privilegiado, inspirado sólo por la mano de Dios.

Municipio Piar

Capital: Upata.
Superficie: 15.899 Km2.
Población: 150.000 (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Upata, Pedro Cova y Andrés Eloy Blanco.
Temperatura promedio: 25 °C y 35 °C.

El 7 de Julio de 1762 es refundada con el nombre de San Antonio de Padua de Upata, por los Capuchinos Catalanes Prefecto Benito de la Garriga, Narciso de Bisbal y José de la Guardia. Upata fue la primera Capital de la Guayana Independiente. Su población se caracteriza por su juventud alegre y hospitalaria.

El 13 de Junio son las fiestas patronales en honor a San Francisco de Padua de Origen Portugués; que se llena de alegría con la siempre presente riña de gallos. Sin embargo, algunos especialistas en lenguas indígenas, como el Padre Buenaventura Carrocera y Fray Cesáreo de Armellada, sostienen que Upata significa Mi Tierrita, Mi Pequeña Región, Mi Terruño, Mi Casa.

Upata es Cuna de famosos poetas, cronistas, artistas plásticos y de mujeres hermosas, posee una intensa actividad gastronomita representada por el sabroso pelao o arroz asopado con pollo, el queso de telita y los turrones argentinos de Doña julia entre otras exquisiteces. Su actividad económica se fundamenta en la agropecuaria. La explotación maderera y la producción de yuca amarga y hortalizas.

Sitios de interés:

  • Cuevas de Timoteo.
  • Piedra Santa María.
  • Cerro el Toro.

Upata, contada desde la Piedra de Santa María

Trás dejamos el Cerro El Gallo y antes de que éste cante, nos despierta un amanecer rodeado de cerros y colinas que en demasía adornan de verdor el valle de Upata, ciudad capital del municipio Piar surcado por el río Yocoima y salpicado de resplandores, que no son otra cosa que apacibles lagunas, abrevaderos naturales para el ganado y para el viajero sediento de paisajes espléndidos.

Fundada el 7 de julio de 1762 por los capuchinos catalanes con el nombre de Villa de San Antonio de Upata, esta ciudad de "montes lejanos, tiernamente azules" como la definió el escritor venezolano Rómulo Gallegos, vivió por más de cien años del cultivo del tabaco y la cría de ganado, actividades que se vieron luego incrementadas con la explotación del oro y el balatá entre los años 1853 y 1886 (Hernández, 1987).

Hoy, la Upata de las mañanas brumosas que nos despierta con una temperatura media de 25°C, vive de su vocación agropecuaria, forestal y de la explotación de sus minas de manganeso, caolín y dolomita, albergando en su municipio una población de 89.410 habitantes (Censo, 2001) apegados a sus tradiciones, costumbres y leyendas que han atesorado por siglos.

El nombre de Upata ha sido objeto de controversias entre quienes se aferran a las adornadas leyendas y aquellos apegados a la etimología de las palabras. Para el misionero capuchino Fray Cesáreo de Armellada, miembro de la Academia Nacional de la Historia que vivió en este pueblo en 1933, Upata significa mi tierra una palabra compuesta de u-mía y pata-tierra o lugar. "Se ve claramente que los guayanos o pariagotos usaron varias veces pati o pata indistintamente.

Y así tenemos el nombre de Guasi-pati, Kuruma-pati y algunos otros... ¿Quién y de dónde sacó que Upata significa rosa del bosque?".

La pregunta del Fraile Armellada encuentra respuesta en una fantástica leyenda que narra el trágico amor entre la hija del Cacique Yocoima, llamada Upata o rosa de montaña y el castizo Antonio, hijo del fundador de Angostura Joaquín Moreno de Mendoza, un amor truncado por la flecha envenenada que el celoso indio Tocoma clavó en el corazón de la bella Upata. Cuenta la leyenda que en honor a este amor, los franciscanos fundaron el pueblo con el nombre de Upata. Lo cierto es que en el valle del Yocoima florece un árbol frondoso conocido como Rosa de Montaña (Brownea macrophylla).

Durante la época de la independencia, Upata dio muchos héroes y soldados valientes, "hombres de alma sencilla e ingenua pero de extraordinario patriotismo que lo sacrificaron todo, hasta la vida, por el sagrado ideal de patria" (Rodríguez, 1964), desde que el General Manuel Piar entra triunfante el 6 de febrero de 1817 y los gana para la causa patriótica, integrándolos en el Batallón "Rifles" desde donde se cubrieron de gloria en las campañas de Boyacá, Carabobo, Pichincha y Ayacucho.

Al norte de Upata encontramos a la Piedra de Santa María, patrimonio natural y místico que data de la era precámbrica con un alto potencial turístico. Desde aquí, el valle del Yocoima se observa en todo su esplendor, a lo lejos observamos imponentes los cerros El Corozo, Las Colinas y El Toro guardianes de una vista que buscaban los forasteros y visitantes que llegaban curiosos a encaramarse en esta piedra, como el novelista Rómulo Gallegos quien visitó Upata en enero de 1931 recopilando datos para su obra literaria Canaima.
Según narra Pedro Quijada Marcó en su libro "Crónicas de Upata", más de una caída se llevó el escritor para alcanzar el peñasco más alto de la Piedra de Santa María. La tradición popular cuenta que en el mes de mayo van las féminas a escribir en las hojas de la planta conocida como copeycillo el nombre de su enamorado, logrando contraer matrimonio al año siguiente cuando caen secas las hojas selladas con el amor eterno. Aunque también colocaban la hoja seca debajo de la sotana de San Antonio de Padua, patrono de Upata y santo de los matrimonios.

Llegar a Upata es degustar el rico "pelao guayanés" (plato preparado a base de arroz y pollo), la carne frita, los bollitos de chicharrón y la polenta dulce. Inmejorables, las catalinas con queso de telita, el casabe chorreado, el queso de mano y el queso de cincho. De los dulces típicos no hay como el típico biscochuelo, la panetela, la cagalera (pan relleno de papelón y queso rallado) y los dulces secos de toronja. En la bodega "El Esfuerzo" de la querida Julita Muñoz ubicada en la Calle Bolívar, venden el dulce de leche cortada y los caramelos "picha e´ miel", sin dejar de mencionar los ricos heladitos de la esquina del cementerio.

Las manos hacendosas de las matronas upatenses mantienen arraigadas las recetas tradicionales, de un pueblo generoso y amable con el visitante, que atraído por su fama culinaria inunda la entrada de Upata en busca de estos manjares.
Así de famoso es también el babandí, una planta autóctona de la zona con propiedades afrodisíacas en cuyas raíces se dice, está la fuente de la juventud. El secreto de su preparación se lo llevó el farmacéutico Antonio Lecuna quien lo industrializó en 1923, pero su intensa y centenaria explotación ha disminuido su reproducción aunque suele encontrarse en menor cantidad los alrededores de la Piedra de Santa María.

En Upata nació el insigne maestro de generaciones José Manuel Siso Martínez creador del texto que por años ha acompañado la educación formal en Venezuela, Formación Social Moral y Cívica. Al sur del Municipio Piar está la población de El Manteco donde nació el artista Alejandro Otero y el único guayanés que ha ostentado la banda presidencial, Raúl Leoni, a quien le correspondió inaugurar el Puente Angostura un día de reyes de 1967.

En los alrededores de este pintoresco pueblo dedicado a la explotación forestal, minera y agropecuaria, se fundó la Misión de Nuestra Señora de los Dolores de Puedpa en 1769, en una loma de "sabanas buenas, aunque faltas de agua" (Rodríguez, 1964). El Manteco es muy conocido por los dulces de leche de Doña Hermelinda Espósito de Silva, manos privilegiadas que a sus 85 años nos regalan los manjares tan solicitados en la capital de la República como fuera de nuestras fronteras.

Muy cerca de la casa colonial de Hermelinda, un muro de trinitarias, palmeras y bambúes nos invitan a traspasar las puertas de La Saranda, uno de los más hermosos complejos turísticos asentados en el Estado Bolívar que ofrece paseos al Lago de Guri y excursiones al Parque Nacional Canaima. Una joya para el disfrute de los cansados turistas que se adentran hasta lo más profundo del Municipio Piar.

Municipio Roscio

Capital: Guasipati.
Superficie: 6.820 Km.2.
Población: 37. 624 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Salom.
Temperatura promedio: 28°C y 35 °C.

Guasipati en el dialecto Caribe local significa Tierra Bella, ésta es la onceava de las misiones del Caroní y el Dorado; fue fundada el 27 de septiembre de 1.757 por los Capuchinos Catalanes. En 1853, al ser descubiertas las minas de oro más ricas del mundo, 18km al sur de El Callao, Guasipati revivió, pues, fue decretada capital del recién formado territorio Yuruari.

Roscio es una zona del estado Bolívar productora de oro, diamantes y centro agropecuario, ganadero, maderero y minero. Guasipati, El Callao y Tumeremo constituyen las comarcas auríferas de los ríos Yuruari y Cuyuní; también es conocido como la tierra de los zorros Guachis.

Sitios de interés

  • Iglesia Nuestra Señora del Rosario.
  • Casa de la Cultura.
  • Río El Miamo.
  • Población El Cintillo.
  • Población Cabeza Mala.

Guasipati, la ciudad que es bella

Poco antes de llegar a Guasipati encontramos a la población de El Cintillo, muy concurrida por el crujiente y sabroso casabe que preparan en todas sus modalidades: chorreado, naiboa y el tradicional. Este acompañante diario de la mesa guayanesa, se elabora con la raíz de la yuca amarga, siendo uno de los principales alimentos de los grupos indígenas. Es una parada obligada antes de divisar a lo lejos, sobre colinas suaves y onduladas de pastos naturales y sabanas achaparradas, a la bella meseta en la que está situada Guasipati, capital del Municipio Roscio, en todo el centro-este del estado y enclavada en la cuenca del río Yuruari.

Así la vieron nuestros aborígenes y la bautizaron con las voces que significan belleza. El escritor y poeta Andrés Brito, citado por Carlos Rodríguez Jiménez en su libro Upata, dice que en muchos dialectos indígenas las voces gua y guasi significan lo que es bello, por lo cual la versión indígena de la palabra Gua-sipati es: bonito lugar, simpático sitio, bello país.

Quizás fue esto lo que atrajo la atención de los capuchinos catalanes cuando decidieron fundar "en una loma arenusca", la Misión de Nuestra Señora del Rosario de Guasipati el 27 de septiembre de 1757. Sin embargo, en voz indígena caribe Guasipati significa tierra donde abundan los zorros guaches (Villalobos, 2003), símbolos que destacan en el Escudo del Municipio, emblema diseñado por el periodista e hijo ilustre de Guasipati, Leopoldo Villalobos quien recreó en sus colores el más puro gentilicio guasipatense: el color marrón de las aguas del Yuruari, el amarillo oro de la riqueza natural predominante en la zona; un indio caribe, de raza indómita y fundadora de la misión de Guasipati, a su lado una res que simboliza la riqueza pecuaria de la zona, en fondo rojo, un grabado de Juan Germán Roscio, legislador en los Congresos de 1811 y 1819, sobre fondo azul celeste, la imagen de la santa patrona Nuestra Señora del Rosario y dos guirnaldas de flores del bucare y frutos del merey, exponentes de la flora genuina de la zona (Villalobos, 2003).

El Municipio Roscio, entidad en la que residen 18.831 habitantes (Censo, 2001) ha sido siempre centro agropecuario, maderero y minero. Para 1881 llegó a ser capital del Territorio Federal Yuruari cuando el Gobierno de la época la separó política y administrativamente del entonces Estado de Guayana (hoy estado Bolívar) durante el auge de la explotación aurífera en la cuenca del Yuruari cuyo epicentro eran las minas de El Callao donde se producían toneladas de oro al año que favorecían la vida social y económica de Guasipati (Fernández, 1995).

Incluso el Gobierno Nacional impulsó en 1892 la creación de la primera escuela de minería de Venezuela, con sede en Guasipati, dirigida por Miguel Emilio Palacio quien sostenía la necesidad de formar profesionales conscientes de la minería como riqueza básica nacional (Villalobos, 2003).

Guasipati fue cuna de intelectuales prominentes de las artes y las letras venezolanas como el escritor Rafael Pineda y la poetisa Jean Aristeguieta quien se autocalifica de helenista, hispanista, bolivariana, feminista, melómana y una perenne cultivadora de la crítica poética.

Entre sus más de 50 obras publicadas, Ebriedad del Delirio, una antología poética de 1954 a 1979 nos impacta por su oda Guasipati vitral de hechizo, escrita en 1958 donde nos transmite su profunda sensibilidad por haber nacido en el corazón fabuloso de Guayana: Por mi pecho te busco y te adivino, bucare de flamígera presencia, azul de maravilla oro en la selva. Por mi pecho de cuarzo deslumbrado, vas Guasipati pedernal secreto, Oh lumbre de nostalgia conmovida.

Municipio Heres

Capital: Ciudad Bolívar.
Superficie: 5.841 Km.2.
Población: 338.250 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Catedral, Zea, Orinoco, José Antonio Páez, Marhuanta, Agua Salada, Vista Hermosa, La Sabanita y Panapana.
Temperatura promedio: 30 °C y 40 °C.

Ciudad Bolívar, conocida por su alto potencial histórico es una de las pocas capitales que se encuentra edificada sobre rocas y al lado del caudaloso río Orinoco.
Se origina gracias a un traslado que se efectúa en el siglo XVIII, desde la población que en 1.595 fundó Antonio de Berrío y la cual se llamó Santo Tomás de Guayana. Su nombre se deriva de la parte más angosta del río Orinoco; de ahí el nombre Angostura, que se cambia el 30 de mayo de 1.846, por el de Ciudad Bolívar, en honor al Libertador.

Ciudad Bolívar ha sido postulada patrimonio cultural de la humanidad ante la UNESCO y declarada Monumento Histórico Nacional. Sus características arquitectónicas y la historia que alberga son motivos para considerarla una de las ciudades más importantes de Venezuela. Sus edificaciones datan del año 1.766 y aún conservan, a pesar de su restauración, su estructura original.

Sitios de interés:

  • Plaza Bolívar.
  • Casa del Congreso de Angostura.
  • Casa San Isidro.
  • Casa Prisión de Piar.
  • Fortín El Zamuro.
  • Antigua Cárcel.
  • Catedral Metropolitana.
  • Museo Correo del Orinoco.
  • Museo de Arte Jesús Soto.
  • Complejo Artesanal "La Carioca".
  • Paseo Orinoco.

Dejando atrás las dos torres de acero venezolano del ahora rejuvenecido Puente Angostura, y sintiendo en la piel el clima caluroso que en promedio suele llegar a 28 °…C; estamos a sólo cinco kilómetros de la capital del Estado Bolívar, la ciudad de 292.833 habitantes (Censo 2001) donde se siente el peso de la historia que esperanzó la victoria patriótica.

A decir del poeta venezolano Pedro Sotillo, recorrer las calles de Ciudad Bolívar es respirar y vivir "un eco de pisadas libertadoras" y es que fue allí, en esas calles alineadas en perfecta armonía con el horizonte orinoquense donde se conjugaron, como refiere el poeta, "las hogueras de sacrificio de la independencia en los días desesperados", gestando los más nobles sueños heroicos que consolidaron las bases de la Tercera República bajo el escenario natural del Orinoco como testigo.

Ciudad Bolívar, capital del Municipio Heres, tiene sus orígenes en la ciudad fundada por Antonio de Berrío el 21 de diciembre de 1595, día de Santo Tomás Apóstol, según nos cuenta el historiador guayanés Manuel Alfredo Rodríguez en su obra "La Guayana del Libertador"; en ese hermoso recodo del Orinoco donde aún perviven las dos fortalezas conocidas como "Los Castillos de Guayana la Vieja", ubicadas al noreste del estado: el Castillo de San Francisco de Asís construido entre los años 1678 y 1684 sobre una enorme roca y el Castillo de San Diego de Alcalá erigido en 1747. Pero los continuos asaltos de los aventureros y piratas ambicionando el Dorado, obligaron a mudarla en varias ocasiones para asentarla finalmente el 22 de mayo de 1764, en "una colina de esquistos anfibólicos sin vegetación", como la describió Humboldt, en la parte más angosta del río Orinoco, de ahí su nombre de Santo Tomé de la Guayana de la Angostura del Orinoco o puramente Angostura, hoy Ciudad Bolívar.

Un cerro rocoso de mineral negro, fuertemente calentado por los rayos del sol, erigido a 38 msnm que fue atrayendo excepcionales obreros de vena artística que la moldearon con piedra y barro hasta convertirla en lo que es hoy: Monumento Público Nacional, según decreto de 1976, y lo que esperamos sea en un futuro Patrimonio Cultural Mundial. Ciertamente, la "Libertad" como máximo patrimonio anhelado por nuestro mundo deja de ser aquí palabra para convertirse en urbe, en aire que sólo puede respirarse a fondo, en azul sobre techos de tejas que parecieran estar volando a ras del cielo, en amarillo de sol total que va cocinando los corazones lentamente, como en baño de maría, al compás del tiempo en que se forma la naturaleza.

Es en este montículo fortificado conocido como Casco Histórico donde nos hierve la "corriente vital de la Patria", andando por esas calles que cuentan cómo desde la Plaza Bolívar, otrora Plaza Mayor, el Libertador proclamó a Ciudad Bolívar capital de la nueva República en 1817, año en que el General Manuel Piar liderizó, en palabras del propio Libertador, "el más brillante suceso que hayan alcanzado nuestras armas en Venezuela", al liberar a Guayana del control español en la homérica Batalla de San Félix.

Irónicamente, en esta misma plaza liberada por su espada gloriosa murió fusilado el 16 de octubre de 1817 el héroe de Chirica tras hallarlo culpable de los delitos de desobediencia, deserción y conspiración, un Consejo de Guerra instruido por el Libertador Simón Bolívar. Aún hoy, cuando ingresamos a la estrecha celda, ubicada en la actual sede de la Dirección de Patrimonio Histórico, donde estuvo prisionero 18 días, podemos sentir la inmensa soledad del hombre que en su delirio gritó al Hijo del Padre: "Hombre salvador, esta tarde estaré contigo en tu mansión. Ella es la de los justos, allá no hay intrigas, no hay falsos amigos…Tú redimiste al hombre y yo liberté a este pueblo, ìQué coincidencia!".

Actualmente, encontramos un monumento a Bolívar y cinco figuras que representan los países libertados: Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela. A cuatro cuadras de esta plaza encontramos la apacible Plaza Miranda desde donde apreciamos una vista del Fortín del Zamuro construido en lo alto del cerro del mismo nombre en un área de 5 hectáreas, hoy convertido en parque. Aquí se escenificó la Batalla de Ciudad Bolívar que sepultó las escaramuzas de la Guerra Libertadora de 1903.

Alrededor de la también llamada Plaza del Martirio, bautizada así luego del fusilamiento más cuestionado de la gesta independentista, permanecen como testigos silentes del sobrevenir histórico, la Casa de los Gobernadores, la Catedral dedicada a Nuestra Señora de Las Nieves patrona de la ciudad, la Casa de la Real Intendencia y la Casa del Congreso de Angostura. Fue en esta última donde el Libertador pronunció el discurso inspirador necesario para emprender la campaña libertadora de la victoria. A juicio del acucioso periodista e historiador Américo Fernández "más que un simple discurso", el mensaje del Libertador, aquel 15 de febrero de 1819 con la instalación del segundo Congreso de la República de Venezuela, "sepultó a sus enemigos e infirió un golpe mortal al poderío de España. Desde Angostura, Bolívar partió entonces seguro hacia la libertad de América".

En aquel salón de siete ventanas, expuso su proyecto de Constitución basado en los más nobles principios de la justicia, la moral, la paz, la igualdad y la libertad para signar el gobierno popular que debía imperar, enemigo de la corrupción, la anarquía y la culpa. "El sistema de Gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política" (Simón Bolívar). Pensamientos que expresaban los más altos ideales para una patria que comenzaba a desterrar el yugo colonizador y que fueron escritos para orgullo del gentilicio bolivarense en la Casa de San Isidro, ubicada al final de la arborizada Avenida Táchira. Esta típica casa campestre de la época colonial perteneciente a la familia Cornieles Vélez, que ostentaba un hermoso árbol de tamarindo donde el Libertador amarraba su caballo, albergó al Padre de la Patria entre los años 1818 y 1819.

Entrar a este recinto, luego de dejar atrás la agitada vida citadina actual, es conectarse con un pasado inmortal, es dejarse absorber por los pensamientos bolivarianos que impregnaron cada espacio de esta solariega vivienda que inspiraron de algún modo al Libertador en su memorable mensaje de Angostura. Sobre el centenario tamarindo, ya extinto, escribió el poeta guayanés Héctor Villalobos una oda que recoge este momento de genialidad: "…Estuvo aquí su rápida escritura, trazaba aquí mensaje de Angostura, que era ya clara página de la historia. Tal vez el labio, el fruto probaría y acaso en su sabor presentiría el regusto agridulce de la gloria".

Una obra gloriosa que tuvo como vocero al Correo del Orinoco, órgano periodístico que nació por voluntad del Libertador para constituirse en la "artillería del pensamiento" y que encontró en la familia Cornieles Vélez el servidor necesario para instalar en uno de sus inmuebles -actual Museo de Ciudad Bolívar-, la imprenta traída desde Trinidad en 1817 para editar el primer periódico libre de Venezuela y paladín de la gesta emancipadora, bajo las manos del tipógrafo inglés Andrés Roderick. Este instrumento considerado por algunos como el más eficaz de la diplomacia libertadora acuñó en su editorial el ideario republicano: "Somos libres, escribimos en un país libre y no pretendemos engañar al público".

Bolívar dejó para siempre suelo angostureño la nochebuena de 1819 dejando una historia marcada por días memorables, lo que determinó que el 31 de mayo de 1846 se cambiara la designación de Angostura por el de Ciudad Bolívar. De aquel nombre sólo quedó el Puente que nos une y el famoso "Amargo de Angostura", una bebida de raíz indígena creada por el médico alemán Juan Teófilo Siegert desde 1830. Sus oscuras gotas de exquisito sabor y olor aromático, son el perfecto ingrediente final para sopas, ensaladas, postres y la famosa bebida "cuba libre", además de sus consabidas propiedades medicinales. Aunque fue creada en la otrora Angostura, la fábrica fue mudada a la isla de Trinidad y Tobago desde donde sigue atrayendo con su singular aroma a propios y extraños.

Fue en aquella Angostura donde permanecieron 26 días los naturalistas Humboldt y Bonpland curándose de la malaria con miel y extracto de quina del Caroní. Al arribar el 14 de junio de 1800, Humboldt no pudo menos que expresar su satisfacción al desembarcar en Angostura luego de sortear toda clase de incomodidades a lo largo de su expedición científica signada "…bajo un cielo ardiente, rodeados de un enjambre de mosquitos…", para contrariamente encontrar, desde lo que hoy conocemos como el Mirador Angostura, la altísima exposición de los colores del río Orinoco, de pájaros, árboles, curiaras, de los vestidos de las comadres y las lavanderas del río, de los dulces caseros sobre las cabezas de las vendedoras del centro, que llegan a sobresaturar el paisaje cuando contrastan con las fachadas de las casas pintadas de todos los matices.

Moradas tan antiguas como la Casa de las Doce Ventanas donde vivió el prócer de la independencia José Tomás Machado y que hoy encontramos tan señorial como antes en el Paseo Orinoco, pero ahora destinada a la noble misión de formar a las futuras generaciones de bachilleres desde que en 1989 fue dada en comodato a la Universidad Nacional Experimental de Guayana. Casi enfrente, a orillas del Paseo Orinoco hallamos una hermosa capilla donde celebran las fiestas de la Cruz de Mayo, una tradición que inició la devota lavandera del río, Julia González quien prometió en los años 30, erigir una capilla a la Cruz del Perdón a cambio del milagro de protegerla de las continuas inundaciones del Orinoco. Un favor concedido para beneplácito de aquellos que cada mayo se acercan hasta la capilla, festejando su fe entre parrandas, galerones y el tradicional carato de moriche.

La edificación que sorteó toda clase de inundaciones y otras refriegas -sin favores de ningún santo- fue la Cárcel Vieja de Ciudad Bolívar que ya existía para 1886 cuando la ciudad vio pasar la "Revolución de los Azules", según consta en los escritos de Tavera Acosta, y luego en 1902 soportó los embates de los proyectiles lanzados por los vapores de guerra "Restaurador" y "Bolívar" durante la Guerra Libertadora. Felizmente, hoy la Cárcel Vieja es un espacio destinado a la Secretaría de Cultura del Ejecutivo Regional, aunque en sus paredes sigue albergando las historias escritas bajo las bravías aguas del Orinoco.

Desde este mirador orinoqueño imaginamos el activo puerto fluvial que ostentaba Ciudad Bolívar desde los tiempos de la colonia hasta la primera mitad del siglo 20, dejando las huellas de lo que fue una época de fructífero intercambio comercial con Europa. La historiadora Hildelisa Cabello refiere que "el 7 de agosto de 1792 se permitió la salida de frutos no sólo de Guayana sino también de otras provincias por el Puerto de Angostura" una apertura que a su juicio, incrementó el comercio con las colonias extranjeras. Por su parte, la publicación "El Cojo Ilustrado" del primero de agosto de 1894, describe a la Ciudad Bolívar de entonces, "como ciudad archimillonaria por su comercio, por la agitación casi europea con que el trabajador fecunda su fortuna".

Oro, sarrapia, pendare, corteza de quina, plumas de garza, ganado en pie y tantos otros productos, se exportaban hacia los más importantes puertos mundiales, ejemplo de la ciudad activa y comercial de otros tiempos. Durante los años 1955 y 1966 llegaban al puerto de Ciudad Bolívar cuatro buques de nacionalidad holandesa al mes, siendo el "Alcoa Rommer" el último en atracar el 8 de julio de 1966, desde entonces "varias unidades del Comando Fluvial José Tomás Machado así como el mercado de La Zapoara y el Club Náutico Orinoco tratan de darle vida de alguna forma" (Fernández, 2006).

Sin embargo, revivió en el año de 1973 con la pasión de un grupo de lancheros por las competencias náuticas que encontraron en las turbulentas aguas del Orinoco la oportunidad de demostrar que hoy como ayer "Nuestros Ríos son Navegables". Así, con este mismo lema convertido en asociación cultural, Peter Tejera y Fernando Capriles, entre otros, dieron vida no sólo al puerto de Ciudad Bolívar sino también a la competencia de navegación fluvial más extensa y de mayor envergadura en el ámbito nacional e internacional, demostrando la posibilidad de surcar el eje Orinoco-Apure. Cada año zarpa de un puerto distinto porque para los organizadores del rally existe sólo una misión: Promover el valor de las potencialidades de los ríos venezolanos fomentando el deporte, turismo, cultura, integración, protección de los recursos naturales, tradiciones y hermandad entre la gran familia "rallysta" y los habitantes de los pueblos ribereños del Orinoco: Cabuyare, Capanaparo, El Jobal, Suapure, La Urbana, Piedra Parguasa, Puerto Carreño, Puerto Ayacucho, El Cinaruco, Caicara, el Caura, Maripa, Santa Cruz, Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz.

Un recorrido de 1.979 kilómetros que, tal como ellos mismos relatan, se realiza en los días y noches cumbres de la décima luna llena del año, a fin de aprovechar los ríos en su máxima crecida y navegar sobre aguas calmadas y profundas. ¿Será también por efecto de la luna, las lágrimas que brotan desde lo más alto de la Piedra Parguaza en el estado Amazonas? Habrá que aventurarse el año próximo para constatar esta leyenda que surca el rally más largo del mundo.

Leyendas como las del monstruo del Orinoco que no sólo suceden en la décima luna llena, sino cada vez que observamos a la cautivante Piedra del Medio, llamada por Humboldt Orinocómetro, una especie de medidor natural que permite con una fugaz mirada conocer la altura alcanzada por el río, según haya sido la época del año. Con la Piedra del Medio como testigo, los registros llevados a cabo por el Ministerio del Ambiente durante 79 años (1926-2005) señalan que la cota mínima histórica observada frente a Ciudad Bolívar fue de 1,58 msnm, registrándose el 17 de marzo de 1959, durante la temporada seca, para un caudal de 2.135 m3/seg.; mientras que con el ciclo lluvioso, el río se desborda de tal forma que el máximo histórico registrado fue de 18,03 msnm, el 18 de agosto del año 1943, para un caudal de 87.528 m3/seg.

Sobre esta enigmática piedra se han tejido leyendas populares que narran la existencia de un monstruo que atraía toda clase de navío que intentara llegar a ella. Una atracción que llevó al barco del Instituto Oceánico de la Universidad de Oriente a realizar investigaciones en la mágica piedra encontrando en sus alrededores, no al monstruo, sino una inmensa fosa de 150 metros bajo el nivel del mar y otra muy cerca del Puente Angostura de 60 metros de profundidad. ¿Será la cueva?

Lo cierto es que con monstruos o sin ellos, en agosto el ánimo del bolivarense se transforma. En esta época, las aguas crecidas del Orinoco son un presagio de la gran fiesta pesquera que cada año esperan, con un tradicional entusiasmo, los habitantes de esta tierra generosa que se aglomeran a lo largo del Paseo Orinoco para participar de uno de los espectáculos más populares y representativos del jolgorio bolivarense. La Feria del Orinoco, con su pesca de la zapoara, retumba en los corazones de locales y foráneos convencidos de quedar atrapados en la atarraya de las guayanesas al comerse la cabeza del pez, leyenda inmortalizada al ritmo del merengue por el compositor margariteño Francisco Carreño y narrada por el escritor Rómulo Gallegos en su máxima obra literaria Canaima.

La zapoara (Semaprochilodus laticeps) tiene una forma hidrodinámica que le permite realizar largos movimientos migratorios durante los meses de julio y agosto, tiempo durante el cual salen en forma abundante de las lagunas rebalseras y comienzan a remontar el Orinoco desde San Félix hasta Ciudad Bolívar, alertando a los pescadores de su venida. De ahí que muchos la consideren "puramente bolivarense", pero en realidad las investigaciones realizadas indican que esta especie habita a lo largo y ancho del canal principal del río Orinoco, en los caños y áreas de inundación, identificándose la migración masiva frente a Ciudad Bolívar (Novoa, 1982). Es un pez de colorido vistoso, el negro azulado en el dorso, el plateado en el resto del cuerpo y sus aletas pinceladas en rojo y naranja destellan al caer los rayos del sol en aquel Orinoco inmenso, haciendo avivar la atarraya de los pescadores ansiosos que se aglomeran en el malecón de una Ciudad Bolívar esperanzada por obtener el mejor ejemplar.

"Me gusta comer las primeras zapoaras de la temporada", decía con entusiasmo el célebre músico y compositor bolivarense de proyección internacional Antonio Lauro, cuando sentía que la ciudad reclamaba su presencia. El maestro de los maestros, "el Strauss de la guitarra" como lo bautizó el compositor inglés John Williams, nació un 3 de agosto de 1917 en una sencilla vivienda del casco histórico, hoy convertida en el Museo Antonio Lauro. La zapoara ha sido también musa inspiradora de reconocidos poetas y trovadores que a través de sus cantos y sonetos, le rinden un tributo popular al pez más famoso y esperado del Orinoco. La pieza popular Pesca de Zapoara escrita por Raúl Umanés, con música del nativo cuatrista Hernán Gamboa, es una alabanza que refleja el sentir bolivarense por esta tradición: "El gentío bullanguero se asoma hasta el malecón, gritando a los curiareros con su trémula emoción: ìA tres voy el tarrayazo, si es poco te pago en ron! y se cuajaron las redes de plata bruñida y sol, y el pueblo comió ese día su más sabrosa ración".

Y cómo no deleitarse con una zapoara rellena de casabe adobado, uno de los platos más tradicionales que junto al pastel o carapacho de morrocoy, el sancocho de lau-lau o el de morocoto salpreso y el rayao orinoquense en escabeche, hacen las delicias de los paladares más exquisitos, encontrando en el Mercado La Carioca las mejores muestras de la gastronomía bolivarense que se acompañan con los dulces como el merey pasado, el mazapán, turrones de coco en variados colores, el cristal y la pasta de guayaba, el dulce de lechosa, la jalea de mango y se termine brindando con un ponche crema guayanés y un añejado licor de ponsigué.

Agosto es abundancia para los bolivarenses, es esperanza de un pueblo puesta en la más jugosa de las cosechas y es también sonidos y colores que alegran el alma para festejar su Feria del Orinoco, al son de los hijos ilustres que Ciudad Bolívar ha visto nacer. Muchos son los que "hacen su agosto" en estos tiempos de bonanza zapoareña. Fue en este mes del año 1971 cuando brillaron las cuatro voces quijotescas que integran el grupo Serenata Guayanesa, fieles exponentes del canto popular y de esas aclamadas melodías recopilatorias del sentir bolivariano: Este Niño Don Simón, El Sapo, Easter Morning, La Pulga y El Piojo, La Zapoara y tantas otras que han inspirado aplausos y reconocimientos al folklore venezolano. Con Serenata Guayanesa se redimen las olvidadas coplas surgidas del compositor popular Alejandro Vargas creador de los aguinaldos La Barca de Oro y Casta Paloma, piezas musicales convertidas hoy en canto nacional. Nacido el 13 de noviembre de 1892, el juglar de Angostura, conocedor del oficio pesquero, además de otros 25 aguinaldos, valses, pasajes y joropos, compuso La Zapoara, guasa popularizada luego por el cuarteto serenatero.

Alejandro Vargas se hacía acompañar de su vieja guitarra brasileña que tocaba "como los dioses", para cantar con distintas modulaciones y diversidad de ritmos, las sensibles estrofas que tocaban el corazón de su pueblo angostureño. El propio compositor y uno de los cuatro integrantes de Serenata Guayanesa, Iván Pérez Rossi cuenta cómo a sus ocho años de edad escuchó por vez primera los aguinaldos del "Negro Vargas", en las tradicionales veladas decembrinas que recorrían los "aguinalderos" de casa en casa, desde la Plaza Miranda "para bajar luego por la Calle Carabobo en dirección hacia el río, hasta las Escalinatas". Esta última, conocida como La Escalinata del Campanario, fue construida en 1926 y subirla es un reto para todo turista que quiera llegar hasta el último de sus peldaños sólo para recrearse en una de las mejores vistas del Orinoco, sumidos en los sonidos del viento.

La música, como expresión del alma, siempre acompaña las vivencias de la cotidiana existencia del ser, y fue en ese estudio del lenguaje musical donde el genio del cinetismo mundial encontró las respuestas a sus más íntimos sueños de crear, tal como lo reveló el propio maestro Jesús Soto, "una obra al infinito, una obra abierta cuyos límites podían estar en todas partes y en ninguna al mismo tiempo". El maestro Soto, el hijo humilde que correteaba por la calle Santa Ana de aquella Ciudad Bolívar donde nació el 5 de junio de 1923, comprendió el funcionamiento de la música serial, "para mí era mucho más fácil", decía con esa voz apacible…serena, que invitaba sólo a escucharlo. Claro, el Soto músico, el de la guitarra ensoñadora que le permitió subsistir en el París de los años 50, encontró sus respuestas en el lenguaje universal, como Alejandro Vargas, Serenata Guayanesa, Antonio Lauro, Héctor Guillermo Villalobos…y tantos hijos ilustres de esta tierra bendita.

Por eso decidió "aplicar esa noción de lo permutable a un elemento esencialmente pictórico: el color". Así, el uso de los colores primarios, los tres secundarios, el blanco y el negro están presentes en su obra con una "elemental pureza" -expresaba la poetisa guayanesa Luz Machado-, buscando penetrar al espectador para que sea éste quien construya y sienta esa "vibración", esa interconexión con el fenómeno cinético.

"La música soy yo" exclamaba Beethoven y Soto nos invita a ser parte de su obra. A finales de los 60 creó los "Penetrables", la inmortal creación de hilos suspendidos de plástico flexible y otro de metales, que nos obligan a tener todos los sentidos puestos en el espacio, alterándolo según sea nuestra curiosidad. La genialidad del maestro universal del cinetismo se quedó para siempre en su ciudad natal, en los amplios salones del Museo de Arte Moderno Jesús Soto y en la ondeante Bandera que nos identifica como estado, con su amarillo oro, el verde bosque y el azul río que se conjugan en las ocho estrellas gloriosas de la patria libre.

Noticias Parques Nacionales

El domingo se debe adelantar media hora el reloj. (1/05/2016)

Reloj Hora 12 190Venezuela regresa al huso horario UTC - 4:00, correspondiente a Punta Playa en Delta Amacuro, por lo que se deben ajustar los relojes. Los celulares y computadoras se actualizan solos.

Este primero de mayo,  a la madrugada, Venezuela volverá a su antiguo huso horario (UTC -4:00) por lo que los ciudadanos deberán adelantar el reloj media hora.


Cuba dependerá de EEUU

Banderas Cuba USACon embargo o sin él, la dependencia económica de la Cuba castrista de EEUU será cada vez mayor.

Independientemente de si el Congreso de Washington levanta el embargo comercial y financiero o no lo hace, Cuba tendrá una dependencia económica de EEUU tan grande o mayor que la que tuvo de la Unión Soviética y de Venezuela.
Tal maridaje económico con el "enemigo imperialista" será inevitable, en la medida en que se agrave la crisis en Venezuela y el precio del petróleo no regrese a los niveles de 90 y 100 dólares el barril, algo totalmente improbable según los expertos en materia energética.

Cada año se paga 1 billón de dólares en sobornos: ONU

dolares 2002.6 billones de dólares se pierden en prácticas corruptas. La corrupción erosiona la calidad de vida y permite que prospere el crimen, señala Naciones Unidas.

La corrupción representa “el mayor obstáculo” para el progreso económico y social en el mundo, en especial para las economías emergentes que pierden diez veces más recursos por este flagelo que los que dedican a promover el desarrollo, alertó la ONU.