Martes, 26 Septiembre 2017

Municipio Sucre

Capital: Maripa.
Superficie: 46.163 Km.2.
Población: 16.587 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Maripa, Aripao, Moitaco, Guarataro y Las Majadas.
Temperatura promedio: 25 ºC y 35 °C.

Maripa que seguún la voz Kariña significa Murciélago, formo parte del territorio Federal Caura, cuya creación fue el 9 de febrero de 1882
por Antonio Guzmán Blanco, para entonces Presidente de la Republica de Venezuela, con la intención de explotar la madera y la sarrapia que abundaba en el territorio del río Caura.
Maripa era uno de los pueblos que comprendía el departamento de Heres. Actualmente es la capital del Municipio Sucre y cuya historia prehispánica esta bañada en sangre y heroísmo.

En 1800 pasaron por esos territorios del Caura Humbodt y Bompland, los famosos expedicionarios del viejo continente, cuyas anotaciones fueron de mucho interés para el conocimiento de la riqueza de estos pueblos indígenas. Fue en Maripa, en 1816 donde Manuel Piar, al frente de su ejército libertador, liberó una de las más grandes batallas de la campaña libertadora de Guayana.

Sitios de interés:

  • Salto Pará.
  • Tepuy Jaua-Sarisariñama.
  • Balneario Raudales de Moitaco.
  • Balneario El Bongo.
  • Puerto de Pescadores de Maripa.
  • Río Caura.

Llegar al Municipio Sucre donde conviven 13.481 pobladores (Censo, 2001), es impregnarse con los aromas de la sarrapia, árbol emblemático del Estado Bolívar, seguún decreto de mayo de 1952, cuya flora se extiende de forma natural a lo largo de la cuenca baja del río Caura.

Desde que arribamos a su capital Maripa, fundada en 1752, la sarrapia, con sus casi 30 metros de altura, nos permite disfrutar no sólo de su sombra sino de su aroma penetrante por el cual se disputaban muchos comerciantes del Viejo Mundo, a principios del siglo 20.

Su nombre científico es Dipteryx punctata y su fruto es parecido al mango por sus hilachas, con una cáscara semejante a la piel, con poca pulpa, no muy sabrosa más bien insípida y olor penetrante, que contiene una semilla grande de la que se extrae la cumarina, una sustancia blanca aromática parecida al azuúcar muy apreciada por el mercado internacional debido a su utilización en la elaboración de tabacos, perfumes y alimentos.

Aunque su comercio comenzó a decaer en el año 1965, la explotación de la sarrapia es todavía muy comuún en la zona de Maripa, especialmente durante los meses de febrero y marzo, llegándose a cosechar toneladas de semillas destinadas a la exportación. También predominan en esta zona otras especies forestales como purguo o balatá (Manilkara bidentata), puy (Tabebuia seratifolia), palo blanco (Piptadenia leucoxylon ), zapatero (Teltogyne porphirocardia), algarrobo (Hymenaea courdaril) y pardillo (Cordia alliodora).

De ahí que Maripa, ubicada en la margen derecha del río Caura y conocida en lengua indígena como "murciélago", combina la explotación sarrapiera y forestal con su tradición agropecuaria en suelos libertarios. La historia cuenta que en el siglo 18 hubo una batalla sangrienta entre los indígenas Cabres y los Caribes; pero también, en suelos de Maripa se escenificó una de las batallas emprendidas durante la Campaña Libertadora de Guayana comandada por el General Manuel Piar contra el ejército realista el 30 de diciembre de 1816.

Además de recorrer estos parajes tan pintorescos y llenos de historia, podemos internarnos más al suroeste, en la misteriosa región donde nacen los ríos Caura, Erebato y Ventuari. Misteriosa por encontrarse en ella las cavernas más antiguas y amplias del mundo, hoy protegidas bajo la figura del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama. Estas simas poseen una flora y fauna altamente endémica en los tepuyes o mesetas conocidas como Jaua-Jidi, Sarisariñama Jidi y Guanacoco-Jidi, macizas de arenisca del Triásico o Jurásico, que tienen una altura entre 2500 y 2300 msnm.

En la meseta del Tepuy Sarisariñama encontramos la caverna con mayor profundidad vertical de 350 metros, un diámetro de boca de 352 metros y 502 metros de diámetro de fondo. En febrero de 1973, cuando se organizó la primera expedición liderada por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, a los científicos les tomó nueve horas descender la sima que fue bautizada con el nombre de Humboldt en honor al naturalista y explorador alemán que remontó el Alto Orinoco en 1799.

Entre los 40 monumentos naturales que existen en Venezuela dedicados al estudio y a la recreación, el municipio Sucre cuenta con la formación montañosa llamada Sierra Maigualida, que abarca 7 mil kilómetros cuadrados y constituye el límite entre los estados Amazonas y Bolívar. Es el hábitat de la etnia HotÏ, grupo aborigen poco intervenido por la cultura occidental, de apenas 826 indígenas (Censo IVIC, febrero 1999) dedicados a la recolección, caza, pesca, y en menor grado a la agricultura.

Municipio Sifontes

Capital: Tumeremo.
Superficie: 6.182 Km.2.
Población: 69.037 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Sifontes, San Isidro y Dalla Costa.
Temperatura promedio: 25°C y 35 °C.

La creación de Tumeremo fue en el año 1788. Muchos años después de su fundación, el gral. Antonio Domingo Sifontes, lucha contra los realistas para liberar Tumeremo del reino de España, al ser liberada la ciudad de los realistas, los sobrevivientes españoles fueron encarcelados y condenados a muerte, (éste general le puso nombre al municipio Sifontes, pero el municipio realmente se llama municipio gral.

Antonio Domingo Sifontes, pero se le abrevia con Sifontes. Desde ahí, la ciudad fue una gran ubicación y cuartel para los soldados patriotas comandados por Simón Bolívar, el libertador de Venezuela. Tumeremo tiene una importante actividad agropecuaria, maderera, de silvicultura (explotación racional de bosques) y una exuberante flora y fauna.

Sitios de interés:

  • Piedra de la Virgen.
  • El Salto del Danto.
  • Museo del Oro.

Tumeremo…la culebra pintada

Paisajes de lomas y colinas bajas con pequeños valles encajados nos acompañan al entrar al territorio del Municipio Sifontes cuya capital Tumeremo nos acoge al calor de la intensa actividad minera, maderera y ganadera que se desarrolla en la tierra de la "culebra pintada".
Tumeremo, que en dialecto aborigen significa culebra pintada, fue la última de las misiones fundadas por los capuchinos catalanes en 1788 bajo la protección de Nuestra Señora de Belén de Tumeremo, asentada en una loma de sabana con lagunas y manantiales aledañas cuyas tierras son negras, coloradas, areniscas y frescas (Rodríguez, 1964).

Con la instauración de esta misión, los capuchinos querían detener el avance de los holandeses que estaban en posesión de la región del Esequibo (actual Guyana) y extender sus tierras ganaderas (Fernández, 1995). A comienzos del siglo 20 y durante cuatro decenios (1890-1930), vivió una época floreciente debido a la explotación del balatá, oro y diamantes que se exportaban a Europa y Las Antillas.

El balatá, un producto extraído de un árbol conocido como el purguo (Manilka bidentata), fue muy solicitado para la fabricación de goma y cauchos lo que representó una importante actividad económica de la época, pero a un costo ambiental muy alto. Uslar Pietri en su artículo "sembrar el petróleo" refiere que en la región del Cuyuní se tumbaban en promedio nueve mil árboles de purguo por día.

Hoy en día, con una población de 26.947 habitantes (Censo, 2001), el Municipio Sifontes es un importante centro de comercios y servicios para la actividad minera que se desarrolla en la zona, sin dejar su vocación agropecuaria y maderera. Además, se perfila con un alto potencial en la cadena turística por ser puerta de entrada al Parque Nacional Canaima. Pero antes de seguir rumbo al extremo sureste del Estado Bolívar en busca de los paisajes más fascinantes que alberga el sexto parque más grande del mundo, con una extensión de 3 millones de hectáreas, podemos disfrutar de un rico palo a pique que, a diferencia del que hacen en El Palmar, aquí se prepara con caraotas negras, arroz y carne.

También podemos degustar el tuma, una de las comidas típicas de las comunidades indígenas a base de pescado seco. A la salida de Tumeremo una extensa área de pendientes suaves nos acerca hasta el pueblo de El Dorado, emplazado en las orillas del río Cuyuni y asiento de la penitenciaría conocida como Colonia Móvil del Dorado. El viajero puede imaginarse lo misterioso y lo espectacular de un río que bordea la famosa cárcel que junto a la explotación del oro y los productos madereros constituyen el motor de la economía de este pueblo que nació en 1894, como centro de la Comisaría de Fronteras a fin de frenar la penetración inglesa en tierras de Guayana (Hernández, 1987).

Aquí, la regularidad topográfica es interrumpida por la presencia de cerros conformados por rocas más resistentes de las llamadas cinturones verdes de anfibolitas, soportes de las tierras bajas onduladas. Al pasar el río Cuyuní observamos con nostalgia al antiguo puente construido por la misma empresa que edificó la Torre Eiffel en París, que se yergue aún imponente a un lado del puente nuevo.

El paisaje de penillanuras continúa, pero su visualización es limitada por la extraordinaria presencia de los bosques que flanquean ambos lados de la vía, son 80 kilómetros de selva con pequeños núcleos de poblamiento indígena, criolla y en mayor cantidad, comunidades pequeñas de mineros.

A lo largo de este trayecto podemos escuchar el trinar del pájaro capuchino (Perissocephalus tricolor), ave emblemática del Municipio Sifontes poseedora de un canto muy particular parecido a un lamento que impacta además por su cara azul, cabeza calva y un cuerpo de plumaje rojo intenso.,

Al traspasar el Kilómetro 88 comenzamos ascender la denominada Sierra de Lema que en realidad consiste en la vertiente septentrional de la altiplanicie de la Gran Sabana, una de las regiones más fascinantes de todo el planeta. Al llegar al sitio de la Piedra de la Virgen nos hechiza la imagen blancuzca que da origen al nombre de esta colosal mole de diabasa, una primitiva roca ígnea intrusiva de extraordinaria dureza imposible de ser volada con explosivos cuando se construyó la carretera en 1973, lo que explica la acentuada pendiente de la vía.

En este tramo, con suerte, podremos escuchar al pájaro campana que con su peculiar canto nos invita a voltear la mirada para disfrutar de la espectacular vista del paisaje que ha dominado la penillanura del norte dejada atrás, donde el verde intenso se difumina en una lejanía infinita, reveladora de ese paraíso ecológico que es el Estado Bolívar.

A partir de este momento vamos dejando atrás los límites del Municipio Sifontes para internarnos "Tierra adentro", como exclama Manuel Pérez Vila, en el territorio del Wazaká o árbol del mundo en lengua indígena pemón, donde la imaginación se expande sin límites al contemplar la grandeza de un escenario privilegiado, inspirado sólo por la mano de Dios.

Municipio Roscio

Capital: Guasipati.
Superficie: 6.820 Km.2.
Población: 37. 624 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Salom.
Temperatura promedio: 28°C y 35 °C.

Guasipati en el dialecto Caribe local significa Tierra Bella, ésta es la onceava de las misiones del Caroní y el Dorado; fue fundada el 27 de septiembre de 1.757 por los Capuchinos Catalanes. En 1853, al ser descubiertas las minas de oro más ricas del mundo, 18km al sur de El Callao, Guasipati revivió, pues, fue decretada capital del recién formado territorio Yuruari.

Roscio es una zona del estado Bolívar productora de oro, diamantes y centro agropecuario, ganadero, maderero y minero. Guasipati, El Callao y Tumeremo constituyen las comarcas auríferas de los ríos Yuruari y Cuyuní; también es conocido como la tierra de los zorros Guachis.

Sitios de interés

  • Iglesia Nuestra Señora del Rosario.
  • Casa de la Cultura.
  • Río El Miamo.
  • Población El Cintillo.
  • Población Cabeza Mala.

Guasipati, la ciudad que es bella

Poco antes de llegar a Guasipati encontramos a la población de El Cintillo, muy concurrida por el crujiente y sabroso casabe que preparan en todas sus modalidades: chorreado, naiboa y el tradicional. Este acompañante diario de la mesa guayanesa, se elabora con la raíz de la yuca amarga, siendo uno de los principales alimentos de los grupos indígenas. Es una parada obligada antes de divisar a lo lejos, sobre colinas suaves y onduladas de pastos naturales y sabanas achaparradas, a la bella meseta en la que está situada Guasipati, capital del Municipio Roscio, en todo el centro-este del estado y enclavada en la cuenca del río Yuruari.

Así la vieron nuestros aborígenes y la bautizaron con las voces que significan belleza. El escritor y poeta Andrés Brito, citado por Carlos Rodríguez Jiménez en su libro Upata, dice que en muchos dialectos indígenas las voces gua y guasi significan lo que es bello, por lo cual la versión indígena de la palabra Gua-sipati es: bonito lugar, simpático sitio, bello país.

Quizás fue esto lo que atrajo la atención de los capuchinos catalanes cuando decidieron fundar "en una loma arenusca", la Misión de Nuestra Señora del Rosario de Guasipati el 27 de septiembre de 1757. Sin embargo, en voz indígena caribe Guasipati significa tierra donde abundan los zorros guaches (Villalobos, 2003), símbolos que destacan en el Escudo del Municipio, emblema diseñado por el periodista e hijo ilustre de Guasipati, Leopoldo Villalobos quien recreó en sus colores el más puro gentilicio guasipatense: el color marrón de las aguas del Yuruari, el amarillo oro de la riqueza natural predominante en la zona; un indio caribe, de raza indómita y fundadora de la misión de Guasipati, a su lado una res que simboliza la riqueza pecuaria de la zona, en fondo rojo, un grabado de Juan Germán Roscio, legislador en los Congresos de 1811 y 1819, sobre fondo azul celeste, la imagen de la santa patrona Nuestra Señora del Rosario y dos guirnaldas de flores del bucare y frutos del merey, exponentes de la flora genuina de la zona (Villalobos, 2003).

El Municipio Roscio, entidad en la que residen 18.831 habitantes (Censo, 2001) ha sido siempre centro agropecuario, maderero y minero. Para 1881 llegó a ser capital del Territorio Federal Yuruari cuando el Gobierno de la época la separó política y administrativamente del entonces Estado de Guayana (hoy estado Bolívar) durante el auge de la explotación aurífera en la cuenca del Yuruari cuyo epicentro eran las minas de El Callao donde se producían toneladas de oro al año que favorecían la vida social y económica de Guasipati (Fernández, 1995).

Incluso el Gobierno Nacional impulsó en 1892 la creación de la primera escuela de minería de Venezuela, con sede en Guasipati, dirigida por Miguel Emilio Palacio quien sostenía la necesidad de formar profesionales conscientes de la minería como riqueza básica nacional (Villalobos, 2003).

Guasipati fue cuna de intelectuales prominentes de las artes y las letras venezolanas como el escritor Rafael Pineda y la poetisa Jean Aristeguieta quien se autocalifica de helenista, hispanista, bolivariana, feminista, melómana y una perenne cultivadora de la crítica poética.

Entre sus más de 50 obras publicadas, Ebriedad del Delirio, una antología poética de 1954 a 1979 nos impacta por su oda Guasipati vitral de hechizo, escrita en 1958 donde nos transmite su profunda sensibilidad por haber nacido en el corazón fabuloso de Guayana: Por mi pecho te busco y te adivino, bucare de flamígera presencia, azul de maravilla oro en la selva. Por mi pecho de cuarzo deslumbrado, vas Guasipati pedernal secreto, Oh lumbre de nostalgia conmovida.

Municipio Piar

Capital: Upata.
Superficie: 15.899 Km2.
Población: 150.000 (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Upata, Pedro Cova y Andrés Eloy Blanco.
Temperatura promedio: 25 °C y 35 °C.

El 7 de Julio de 1762 es refundada con el nombre de San Antonio de Padua de Upata, por los Capuchinos Catalanes Prefecto Benito de la Garriga, Narciso de Bisbal y José de la Guardia. Upata fue la primera Capital de la Guayana Independiente. Su población se caracteriza por su juventud alegre y hospitalaria.

El 13 de Junio son las fiestas patronales en honor a San Francisco de Padua de Origen Portugués; que se llena de alegría con la siempre presente riña de gallos. Sin embargo, algunos especialistas en lenguas indígenas, como el Padre Buenaventura Carrocera y Fray Cesáreo de Armellada, sostienen que Upata significa Mi Tierrita, Mi Pequeña Región, Mi Terruño, Mi Casa.

Upata es Cuna de famosos poetas, cronistas, artistas plásticos y de mujeres hermosas, posee una intensa actividad gastronomita representada por el sabroso pelao o arroz asopado con pollo, el queso de telita y los turrones argentinos de Doña julia entre otras exquisiteces. Su actividad económica se fundamenta en la agropecuaria. La explotación maderera y la producción de yuca amarga y hortalizas.

Sitios de interés:

  • Cuevas de Timoteo.
  • Piedra Santa María.
  • Cerro el Toro.

Upata, contada desde la Piedra de Santa María

Trás dejamos el Cerro El Gallo y antes de que éste cante, nos despierta un amanecer rodeado de cerros y colinas que en demasía adornan de verdor el valle de Upata, ciudad capital del municipio Piar surcado por el río Yocoima y salpicado de resplandores, que no son otra cosa que apacibles lagunas, abrevaderos naturales para el ganado y para el viajero sediento de paisajes espléndidos.

Fundada el 7 de julio de 1762 por los capuchinos catalanes con el nombre de Villa de San Antonio de Upata, esta ciudad de "montes lejanos, tiernamente azules" como la definió el escritor venezolano Rómulo Gallegos, vivió por más de cien años del cultivo del tabaco y la cría de ganado, actividades que se vieron luego incrementadas con la explotación del oro y el balatá entre los años 1853 y 1886 (Hernández, 1987).

Hoy, la Upata de las mañanas brumosas que nos despierta con una temperatura media de 25°C, vive de su vocación agropecuaria, forestal y de la explotación de sus minas de manganeso, caolín y dolomita, albergando en su municipio una población de 89.410 habitantes (Censo, 2001) apegados a sus tradiciones, costumbres y leyendas que han atesorado por siglos.

El nombre de Upata ha sido objeto de controversias entre quienes se aferran a las adornadas leyendas y aquellos apegados a la etimología de las palabras. Para el misionero capuchino Fray Cesáreo de Armellada, miembro de la Academia Nacional de la Historia que vivió en este pueblo en 1933, Upata significa mi tierra una palabra compuesta de u-mía y pata-tierra o lugar. "Se ve claramente que los guayanos o pariagotos usaron varias veces pati o pata indistintamente.

Y así tenemos el nombre de Guasi-pati, Kuruma-pati y algunos otros... ¿Quién y de dónde sacó que Upata significa rosa del bosque?".

La pregunta del Fraile Armellada encuentra respuesta en una fantástica leyenda que narra el trágico amor entre la hija del Cacique Yocoima, llamada Upata o rosa de montaña y el castizo Antonio, hijo del fundador de Angostura Joaquín Moreno de Mendoza, un amor truncado por la flecha envenenada que el celoso indio Tocoma clavó en el corazón de la bella Upata. Cuenta la leyenda que en honor a este amor, los franciscanos fundaron el pueblo con el nombre de Upata. Lo cierto es que en el valle del Yocoima florece un árbol frondoso conocido como Rosa de Montaña (Brownea macrophylla).

Durante la época de la independencia, Upata dio muchos héroes y soldados valientes, "hombres de alma sencilla e ingenua pero de extraordinario patriotismo que lo sacrificaron todo, hasta la vida, por el sagrado ideal de patria" (Rodríguez, 1964), desde que el General Manuel Piar entra triunfante el 6 de febrero de 1817 y los gana para la causa patriótica, integrándolos en el Batallón "Rifles" desde donde se cubrieron de gloria en las campañas de Boyacá, Carabobo, Pichincha y Ayacucho.

Al norte de Upata encontramos a la Piedra de Santa María, patrimonio natural y místico que data de la era precámbrica con un alto potencial turístico. Desde aquí, el valle del Yocoima se observa en todo su esplendor, a lo lejos observamos imponentes los cerros El Corozo, Las Colinas y El Toro guardianes de una vista que buscaban los forasteros y visitantes que llegaban curiosos a encaramarse en esta piedra, como el novelista Rómulo Gallegos quien visitó Upata en enero de 1931 recopilando datos para su obra literaria Canaima.
Según narra Pedro Quijada Marcó en su libro "Crónicas de Upata", más de una caída se llevó el escritor para alcanzar el peñasco más alto de la Piedra de Santa María. La tradición popular cuenta que en el mes de mayo van las féminas a escribir en las hojas de la planta conocida como copeycillo el nombre de su enamorado, logrando contraer matrimonio al año siguiente cuando caen secas las hojas selladas con el amor eterno. Aunque también colocaban la hoja seca debajo de la sotana de San Antonio de Padua, patrono de Upata y santo de los matrimonios.

Llegar a Upata es degustar el rico "pelao guayanés" (plato preparado a base de arroz y pollo), la carne frita, los bollitos de chicharrón y la polenta dulce. Inmejorables, las catalinas con queso de telita, el casabe chorreado, el queso de mano y el queso de cincho. De los dulces típicos no hay como el típico biscochuelo, la panetela, la cagalera (pan relleno de papelón y queso rallado) y los dulces secos de toronja. En la bodega "El Esfuerzo" de la querida Julita Muñoz ubicada en la Calle Bolívar, venden el dulce de leche cortada y los caramelos "picha e´ miel", sin dejar de mencionar los ricos heladitos de la esquina del cementerio.

Las manos hacendosas de las matronas upatenses mantienen arraigadas las recetas tradicionales, de un pueblo generoso y amable con el visitante, que atraído por su fama culinaria inunda la entrada de Upata en busca de estos manjares.
Así de famoso es también el babandí, una planta autóctona de la zona con propiedades afrodisíacas en cuyas raíces se dice, está la fuente de la juventud. El secreto de su preparación se lo llevó el farmacéutico Antonio Lecuna quien lo industrializó en 1923, pero su intensa y centenaria explotación ha disminuido su reproducción aunque suele encontrarse en menor cantidad los alrededores de la Piedra de Santa María.

En Upata nació el insigne maestro de generaciones José Manuel Siso Martínez creador del texto que por años ha acompañado la educación formal en Venezuela, Formación Social Moral y Cívica. Al sur del Municipio Piar está la población de El Manteco donde nació el artista Alejandro Otero y el único guayanés que ha ostentado la banda presidencial, Raúl Leoni, a quien le correspondió inaugurar el Puente Angostura un día de reyes de 1967.

En los alrededores de este pintoresco pueblo dedicado a la explotación forestal, minera y agropecuaria, se fundó la Misión de Nuestra Señora de los Dolores de Puedpa en 1769, en una loma de "sabanas buenas, aunque faltas de agua" (Rodríguez, 1964). El Manteco es muy conocido por los dulces de leche de Doña Hermelinda Espósito de Silva, manos privilegiadas que a sus 85 años nos regalan los manjares tan solicitados en la capital de la República como fuera de nuestras fronteras.

Muy cerca de la casa colonial de Hermelinda, un muro de trinitarias, palmeras y bambúes nos invitan a traspasar las puertas de La Saranda, uno de los más hermosos complejos turísticos asentados en el Estado Bolívar que ofrece paseos al Lago de Guri y excursiones al Parque Nacional Canaima. Una joya para el disfrute de los cansados turistas que se adentran hasta lo más profundo del Municipio Piar.

Municipio Heres

Capital: Ciudad Bolívar.
Superficie: 5.841 Km.2.
Población: 338.250 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Catedral, Zea, Orinoco, José Antonio Páez, Marhuanta, Agua Salada, Vista Hermosa, La Sabanita y Panapana.
Temperatura promedio: 30 °C y 40 °C.

Ciudad Bolívar, conocida por su alto potencial histórico es una de las pocas capitales que se encuentra edificada sobre rocas y al lado del caudaloso río Orinoco.
Se origina gracias a un traslado que se efectúa en el siglo XVIII, desde la población que en 1.595 fundó Antonio de Berrío y la cual se llamó Santo Tomás de Guayana. Su nombre se deriva de la parte más angosta del río Orinoco; de ahí el nombre Angostura, que se cambia el 30 de mayo de 1.846, por el de Ciudad Bolívar, en honor al Libertador.

Ciudad Bolívar ha sido postulada patrimonio cultural de la humanidad ante la UNESCO y declarada Monumento Histórico Nacional. Sus características arquitectónicas y la historia que alberga son motivos para considerarla una de las ciudades más importantes de Venezuela. Sus edificaciones datan del año 1.766 y aún conservan, a pesar de su restauración, su estructura original.

Sitios de interés:

  • Plaza Bolívar.
  • Casa del Congreso de Angostura.
  • Casa San Isidro.
  • Casa Prisión de Piar.
  • Fortín El Zamuro.
  • Antigua Cárcel.
  • Catedral Metropolitana.
  • Museo Correo del Orinoco.
  • Museo de Arte Jesús Soto.
  • Complejo Artesanal "La Carioca".
  • Paseo Orinoco.

Dejando atrás las dos torres de acero venezolano del ahora rejuvenecido Puente Angostura, y sintiendo en la piel el clima caluroso que en promedio suele llegar a 28 °…C; estamos a sólo cinco kilómetros de la capital del Estado Bolívar, la ciudad de 292.833 habitantes (Censo 2001) donde se siente el peso de la historia que esperanzó la victoria patriótica.

A decir del poeta venezolano Pedro Sotillo, recorrer las calles de Ciudad Bolívar es respirar y vivir "un eco de pisadas libertadoras" y es que fue allí, en esas calles alineadas en perfecta armonía con el horizonte orinoquense donde se conjugaron, como refiere el poeta, "las hogueras de sacrificio de la independencia en los días desesperados", gestando los más nobles sueños heroicos que consolidaron las bases de la Tercera República bajo el escenario natural del Orinoco como testigo.

Ciudad Bolívar, capital del Municipio Heres, tiene sus orígenes en la ciudad fundada por Antonio de Berrío el 21 de diciembre de 1595, día de Santo Tomás Apóstol, según nos cuenta el historiador guayanés Manuel Alfredo Rodríguez en su obra "La Guayana del Libertador"; en ese hermoso recodo del Orinoco donde aún perviven las dos fortalezas conocidas como "Los Castillos de Guayana la Vieja", ubicadas al noreste del estado: el Castillo de San Francisco de Asís construido entre los años 1678 y 1684 sobre una enorme roca y el Castillo de San Diego de Alcalá erigido en 1747. Pero los continuos asaltos de los aventureros y piratas ambicionando el Dorado, obligaron a mudarla en varias ocasiones para asentarla finalmente el 22 de mayo de 1764, en "una colina de esquistos anfibólicos sin vegetación", como la describió Humboldt, en la parte más angosta del río Orinoco, de ahí su nombre de Santo Tomé de la Guayana de la Angostura del Orinoco o puramente Angostura, hoy Ciudad Bolívar.

Un cerro rocoso de mineral negro, fuertemente calentado por los rayos del sol, erigido a 38 msnm que fue atrayendo excepcionales obreros de vena artística que la moldearon con piedra y barro hasta convertirla en lo que es hoy: Monumento Público Nacional, según decreto de 1976, y lo que esperamos sea en un futuro Patrimonio Cultural Mundial. Ciertamente, la "Libertad" como máximo patrimonio anhelado por nuestro mundo deja de ser aquí palabra para convertirse en urbe, en aire que sólo puede respirarse a fondo, en azul sobre techos de tejas que parecieran estar volando a ras del cielo, en amarillo de sol total que va cocinando los corazones lentamente, como en baño de maría, al compás del tiempo en que se forma la naturaleza.

Es en este montículo fortificado conocido como Casco Histórico donde nos hierve la "corriente vital de la Patria", andando por esas calles que cuentan cómo desde la Plaza Bolívar, otrora Plaza Mayor, el Libertador proclamó a Ciudad Bolívar capital de la nueva República en 1817, año en que el General Manuel Piar liderizó, en palabras del propio Libertador, "el más brillante suceso que hayan alcanzado nuestras armas en Venezuela", al liberar a Guayana del control español en la homérica Batalla de San Félix.

Irónicamente, en esta misma plaza liberada por su espada gloriosa murió fusilado el 16 de octubre de 1817 el héroe de Chirica tras hallarlo culpable de los delitos de desobediencia, deserción y conspiración, un Consejo de Guerra instruido por el Libertador Simón Bolívar. Aún hoy, cuando ingresamos a la estrecha celda, ubicada en la actual sede de la Dirección de Patrimonio Histórico, donde estuvo prisionero 18 días, podemos sentir la inmensa soledad del hombre que en su delirio gritó al Hijo del Padre: "Hombre salvador, esta tarde estaré contigo en tu mansión. Ella es la de los justos, allá no hay intrigas, no hay falsos amigos…Tú redimiste al hombre y yo liberté a este pueblo, ìQué coincidencia!".

Actualmente, encontramos un monumento a Bolívar y cinco figuras que representan los países libertados: Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela. A cuatro cuadras de esta plaza encontramos la apacible Plaza Miranda desde donde apreciamos una vista del Fortín del Zamuro construido en lo alto del cerro del mismo nombre en un área de 5 hectáreas, hoy convertido en parque. Aquí se escenificó la Batalla de Ciudad Bolívar que sepultó las escaramuzas de la Guerra Libertadora de 1903.

Alrededor de la también llamada Plaza del Martirio, bautizada así luego del fusilamiento más cuestionado de la gesta independentista, permanecen como testigos silentes del sobrevenir histórico, la Casa de los Gobernadores, la Catedral dedicada a Nuestra Señora de Las Nieves patrona de la ciudad, la Casa de la Real Intendencia y la Casa del Congreso de Angostura. Fue en esta última donde el Libertador pronunció el discurso inspirador necesario para emprender la campaña libertadora de la victoria. A juicio del acucioso periodista e historiador Américo Fernández "más que un simple discurso", el mensaje del Libertador, aquel 15 de febrero de 1819 con la instalación del segundo Congreso de la República de Venezuela, "sepultó a sus enemigos e infirió un golpe mortal al poderío de España. Desde Angostura, Bolívar partió entonces seguro hacia la libertad de América".

En aquel salón de siete ventanas, expuso su proyecto de Constitución basado en los más nobles principios de la justicia, la moral, la paz, la igualdad y la libertad para signar el gobierno popular que debía imperar, enemigo de la corrupción, la anarquía y la culpa. "El sistema de Gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política" (Simón Bolívar). Pensamientos que expresaban los más altos ideales para una patria que comenzaba a desterrar el yugo colonizador y que fueron escritos para orgullo del gentilicio bolivarense en la Casa de San Isidro, ubicada al final de la arborizada Avenida Táchira. Esta típica casa campestre de la época colonial perteneciente a la familia Cornieles Vélez, que ostentaba un hermoso árbol de tamarindo donde el Libertador amarraba su caballo, albergó al Padre de la Patria entre los años 1818 y 1819.

Entrar a este recinto, luego de dejar atrás la agitada vida citadina actual, es conectarse con un pasado inmortal, es dejarse absorber por los pensamientos bolivarianos que impregnaron cada espacio de esta solariega vivienda que inspiraron de algún modo al Libertador en su memorable mensaje de Angostura. Sobre el centenario tamarindo, ya extinto, escribió el poeta guayanés Héctor Villalobos una oda que recoge este momento de genialidad: "…Estuvo aquí su rápida escritura, trazaba aquí mensaje de Angostura, que era ya clara página de la historia. Tal vez el labio, el fruto probaría y acaso en su sabor presentiría el regusto agridulce de la gloria".

Una obra gloriosa que tuvo como vocero al Correo del Orinoco, órgano periodístico que nació por voluntad del Libertador para constituirse en la "artillería del pensamiento" y que encontró en la familia Cornieles Vélez el servidor necesario para instalar en uno de sus inmuebles -actual Museo de Ciudad Bolívar-, la imprenta traída desde Trinidad en 1817 para editar el primer periódico libre de Venezuela y paladín de la gesta emancipadora, bajo las manos del tipógrafo inglés Andrés Roderick. Este instrumento considerado por algunos como el más eficaz de la diplomacia libertadora acuñó en su editorial el ideario republicano: "Somos libres, escribimos en un país libre y no pretendemos engañar al público".

Bolívar dejó para siempre suelo angostureño la nochebuena de 1819 dejando una historia marcada por días memorables, lo que determinó que el 31 de mayo de 1846 se cambiara la designación de Angostura por el de Ciudad Bolívar. De aquel nombre sólo quedó el Puente que nos une y el famoso "Amargo de Angostura", una bebida de raíz indígena creada por el médico alemán Juan Teófilo Siegert desde 1830. Sus oscuras gotas de exquisito sabor y olor aromático, son el perfecto ingrediente final para sopas, ensaladas, postres y la famosa bebida "cuba libre", además de sus consabidas propiedades medicinales. Aunque fue creada en la otrora Angostura, la fábrica fue mudada a la isla de Trinidad y Tobago desde donde sigue atrayendo con su singular aroma a propios y extraños.

Fue en aquella Angostura donde permanecieron 26 días los naturalistas Humboldt y Bonpland curándose de la malaria con miel y extracto de quina del Caroní. Al arribar el 14 de junio de 1800, Humboldt no pudo menos que expresar su satisfacción al desembarcar en Angostura luego de sortear toda clase de incomodidades a lo largo de su expedición científica signada "…bajo un cielo ardiente, rodeados de un enjambre de mosquitos…", para contrariamente encontrar, desde lo que hoy conocemos como el Mirador Angostura, la altísima exposición de los colores del río Orinoco, de pájaros, árboles, curiaras, de los vestidos de las comadres y las lavanderas del río, de los dulces caseros sobre las cabezas de las vendedoras del centro, que llegan a sobresaturar el paisaje cuando contrastan con las fachadas de las casas pintadas de todos los matices.

Moradas tan antiguas como la Casa de las Doce Ventanas donde vivió el prócer de la independencia José Tomás Machado y que hoy encontramos tan señorial como antes en el Paseo Orinoco, pero ahora destinada a la noble misión de formar a las futuras generaciones de bachilleres desde que en 1989 fue dada en comodato a la Universidad Nacional Experimental de Guayana. Casi enfrente, a orillas del Paseo Orinoco hallamos una hermosa capilla donde celebran las fiestas de la Cruz de Mayo, una tradición que inició la devota lavandera del río, Julia González quien prometió en los años 30, erigir una capilla a la Cruz del Perdón a cambio del milagro de protegerla de las continuas inundaciones del Orinoco. Un favor concedido para beneplácito de aquellos que cada mayo se acercan hasta la capilla, festejando su fe entre parrandas, galerones y el tradicional carato de moriche.

La edificación que sorteó toda clase de inundaciones y otras refriegas -sin favores de ningún santo- fue la Cárcel Vieja de Ciudad Bolívar que ya existía para 1886 cuando la ciudad vio pasar la "Revolución de los Azules", según consta en los escritos de Tavera Acosta, y luego en 1902 soportó los embates de los proyectiles lanzados por los vapores de guerra "Restaurador" y "Bolívar" durante la Guerra Libertadora. Felizmente, hoy la Cárcel Vieja es un espacio destinado a la Secretaría de Cultura del Ejecutivo Regional, aunque en sus paredes sigue albergando las historias escritas bajo las bravías aguas del Orinoco.

Desde este mirador orinoqueño imaginamos el activo puerto fluvial que ostentaba Ciudad Bolívar desde los tiempos de la colonia hasta la primera mitad del siglo 20, dejando las huellas de lo que fue una época de fructífero intercambio comercial con Europa. La historiadora Hildelisa Cabello refiere que "el 7 de agosto de 1792 se permitió la salida de frutos no sólo de Guayana sino también de otras provincias por el Puerto de Angostura" una apertura que a su juicio, incrementó el comercio con las colonias extranjeras. Por su parte, la publicación "El Cojo Ilustrado" del primero de agosto de 1894, describe a la Ciudad Bolívar de entonces, "como ciudad archimillonaria por su comercio, por la agitación casi europea con que el trabajador fecunda su fortuna".

Oro, sarrapia, pendare, corteza de quina, plumas de garza, ganado en pie y tantos otros productos, se exportaban hacia los más importantes puertos mundiales, ejemplo de la ciudad activa y comercial de otros tiempos. Durante los años 1955 y 1966 llegaban al puerto de Ciudad Bolívar cuatro buques de nacionalidad holandesa al mes, siendo el "Alcoa Rommer" el último en atracar el 8 de julio de 1966, desde entonces "varias unidades del Comando Fluvial José Tomás Machado así como el mercado de La Zapoara y el Club Náutico Orinoco tratan de darle vida de alguna forma" (Fernández, 2006).

Sin embargo, revivió en el año de 1973 con la pasión de un grupo de lancheros por las competencias náuticas que encontraron en las turbulentas aguas del Orinoco la oportunidad de demostrar que hoy como ayer "Nuestros Ríos son Navegables". Así, con este mismo lema convertido en asociación cultural, Peter Tejera y Fernando Capriles, entre otros, dieron vida no sólo al puerto de Ciudad Bolívar sino también a la competencia de navegación fluvial más extensa y de mayor envergadura en el ámbito nacional e internacional, demostrando la posibilidad de surcar el eje Orinoco-Apure. Cada año zarpa de un puerto distinto porque para los organizadores del rally existe sólo una misión: Promover el valor de las potencialidades de los ríos venezolanos fomentando el deporte, turismo, cultura, integración, protección de los recursos naturales, tradiciones y hermandad entre la gran familia "rallysta" y los habitantes de los pueblos ribereños del Orinoco: Cabuyare, Capanaparo, El Jobal, Suapure, La Urbana, Piedra Parguasa, Puerto Carreño, Puerto Ayacucho, El Cinaruco, Caicara, el Caura, Maripa, Santa Cruz, Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz.

Un recorrido de 1.979 kilómetros que, tal como ellos mismos relatan, se realiza en los días y noches cumbres de la décima luna llena del año, a fin de aprovechar los ríos en su máxima crecida y navegar sobre aguas calmadas y profundas. ¿Será también por efecto de la luna, las lágrimas que brotan desde lo más alto de la Piedra Parguaza en el estado Amazonas? Habrá que aventurarse el año próximo para constatar esta leyenda que surca el rally más largo del mundo.

Leyendas como las del monstruo del Orinoco que no sólo suceden en la décima luna llena, sino cada vez que observamos a la cautivante Piedra del Medio, llamada por Humboldt Orinocómetro, una especie de medidor natural que permite con una fugaz mirada conocer la altura alcanzada por el río, según haya sido la época del año. Con la Piedra del Medio como testigo, los registros llevados a cabo por el Ministerio del Ambiente durante 79 años (1926-2005) señalan que la cota mínima histórica observada frente a Ciudad Bolívar fue de 1,58 msnm, registrándose el 17 de marzo de 1959, durante la temporada seca, para un caudal de 2.135 m3/seg.; mientras que con el ciclo lluvioso, el río se desborda de tal forma que el máximo histórico registrado fue de 18,03 msnm, el 18 de agosto del año 1943, para un caudal de 87.528 m3/seg.

Sobre esta enigmática piedra se han tejido leyendas populares que narran la existencia de un monstruo que atraía toda clase de navío que intentara llegar a ella. Una atracción que llevó al barco del Instituto Oceánico de la Universidad de Oriente a realizar investigaciones en la mágica piedra encontrando en sus alrededores, no al monstruo, sino una inmensa fosa de 150 metros bajo el nivel del mar y otra muy cerca del Puente Angostura de 60 metros de profundidad. ¿Será la cueva?

Lo cierto es que con monstruos o sin ellos, en agosto el ánimo del bolivarense se transforma. En esta época, las aguas crecidas del Orinoco son un presagio de la gran fiesta pesquera que cada año esperan, con un tradicional entusiasmo, los habitantes de esta tierra generosa que se aglomeran a lo largo del Paseo Orinoco para participar de uno de los espectáculos más populares y representativos del jolgorio bolivarense. La Feria del Orinoco, con su pesca de la zapoara, retumba en los corazones de locales y foráneos convencidos de quedar atrapados en la atarraya de las guayanesas al comerse la cabeza del pez, leyenda inmortalizada al ritmo del merengue por el compositor margariteño Francisco Carreño y narrada por el escritor Rómulo Gallegos en su máxima obra literaria Canaima.

La zapoara (Semaprochilodus laticeps) tiene una forma hidrodinámica que le permite realizar largos movimientos migratorios durante los meses de julio y agosto, tiempo durante el cual salen en forma abundante de las lagunas rebalseras y comienzan a remontar el Orinoco desde San Félix hasta Ciudad Bolívar, alertando a los pescadores de su venida. De ahí que muchos la consideren "puramente bolivarense", pero en realidad las investigaciones realizadas indican que esta especie habita a lo largo y ancho del canal principal del río Orinoco, en los caños y áreas de inundación, identificándose la migración masiva frente a Ciudad Bolívar (Novoa, 1982). Es un pez de colorido vistoso, el negro azulado en el dorso, el plateado en el resto del cuerpo y sus aletas pinceladas en rojo y naranja destellan al caer los rayos del sol en aquel Orinoco inmenso, haciendo avivar la atarraya de los pescadores ansiosos que se aglomeran en el malecón de una Ciudad Bolívar esperanzada por obtener el mejor ejemplar.

"Me gusta comer las primeras zapoaras de la temporada", decía con entusiasmo el célebre músico y compositor bolivarense de proyección internacional Antonio Lauro, cuando sentía que la ciudad reclamaba su presencia. El maestro de los maestros, "el Strauss de la guitarra" como lo bautizó el compositor inglés John Williams, nació un 3 de agosto de 1917 en una sencilla vivienda del casco histórico, hoy convertida en el Museo Antonio Lauro. La zapoara ha sido también musa inspiradora de reconocidos poetas y trovadores que a través de sus cantos y sonetos, le rinden un tributo popular al pez más famoso y esperado del Orinoco. La pieza popular Pesca de Zapoara escrita por Raúl Umanés, con música del nativo cuatrista Hernán Gamboa, es una alabanza que refleja el sentir bolivarense por esta tradición: "El gentío bullanguero se asoma hasta el malecón, gritando a los curiareros con su trémula emoción: ìA tres voy el tarrayazo, si es poco te pago en ron! y se cuajaron las redes de plata bruñida y sol, y el pueblo comió ese día su más sabrosa ración".

Y cómo no deleitarse con una zapoara rellena de casabe adobado, uno de los platos más tradicionales que junto al pastel o carapacho de morrocoy, el sancocho de lau-lau o el de morocoto salpreso y el rayao orinoquense en escabeche, hacen las delicias de los paladares más exquisitos, encontrando en el Mercado La Carioca las mejores muestras de la gastronomía bolivarense que se acompañan con los dulces como el merey pasado, el mazapán, turrones de coco en variados colores, el cristal y la pasta de guayaba, el dulce de lechosa, la jalea de mango y se termine brindando con un ponche crema guayanés y un añejado licor de ponsigué.

Agosto es abundancia para los bolivarenses, es esperanza de un pueblo puesta en la más jugosa de las cosechas y es también sonidos y colores que alegran el alma para festejar su Feria del Orinoco, al son de los hijos ilustres que Ciudad Bolívar ha visto nacer. Muchos son los que "hacen su agosto" en estos tiempos de bonanza zapoareña. Fue en este mes del año 1971 cuando brillaron las cuatro voces quijotescas que integran el grupo Serenata Guayanesa, fieles exponentes del canto popular y de esas aclamadas melodías recopilatorias del sentir bolivariano: Este Niño Don Simón, El Sapo, Easter Morning, La Pulga y El Piojo, La Zapoara y tantas otras que han inspirado aplausos y reconocimientos al folklore venezolano. Con Serenata Guayanesa se redimen las olvidadas coplas surgidas del compositor popular Alejandro Vargas creador de los aguinaldos La Barca de Oro y Casta Paloma, piezas musicales convertidas hoy en canto nacional. Nacido el 13 de noviembre de 1892, el juglar de Angostura, conocedor del oficio pesquero, además de otros 25 aguinaldos, valses, pasajes y joropos, compuso La Zapoara, guasa popularizada luego por el cuarteto serenatero.

Alejandro Vargas se hacía acompañar de su vieja guitarra brasileña que tocaba "como los dioses", para cantar con distintas modulaciones y diversidad de ritmos, las sensibles estrofas que tocaban el corazón de su pueblo angostureño. El propio compositor y uno de los cuatro integrantes de Serenata Guayanesa, Iván Pérez Rossi cuenta cómo a sus ocho años de edad escuchó por vez primera los aguinaldos del "Negro Vargas", en las tradicionales veladas decembrinas que recorrían los "aguinalderos" de casa en casa, desde la Plaza Miranda "para bajar luego por la Calle Carabobo en dirección hacia el río, hasta las Escalinatas". Esta última, conocida como La Escalinata del Campanario, fue construida en 1926 y subirla es un reto para todo turista que quiera llegar hasta el último de sus peldaños sólo para recrearse en una de las mejores vistas del Orinoco, sumidos en los sonidos del viento.

La música, como expresión del alma, siempre acompaña las vivencias de la cotidiana existencia del ser, y fue en ese estudio del lenguaje musical donde el genio del cinetismo mundial encontró las respuestas a sus más íntimos sueños de crear, tal como lo reveló el propio maestro Jesús Soto, "una obra al infinito, una obra abierta cuyos límites podían estar en todas partes y en ninguna al mismo tiempo". El maestro Soto, el hijo humilde que correteaba por la calle Santa Ana de aquella Ciudad Bolívar donde nació el 5 de junio de 1923, comprendió el funcionamiento de la música serial, "para mí era mucho más fácil", decía con esa voz apacible…serena, que invitaba sólo a escucharlo. Claro, el Soto músico, el de la guitarra ensoñadora que le permitió subsistir en el París de los años 50, encontró sus respuestas en el lenguaje universal, como Alejandro Vargas, Serenata Guayanesa, Antonio Lauro, Héctor Guillermo Villalobos…y tantos hijos ilustres de esta tierra bendita.

Por eso decidió "aplicar esa noción de lo permutable a un elemento esencialmente pictórico: el color". Así, el uso de los colores primarios, los tres secundarios, el blanco y el negro están presentes en su obra con una "elemental pureza" -expresaba la poetisa guayanesa Luz Machado-, buscando penetrar al espectador para que sea éste quien construya y sienta esa "vibración", esa interconexión con el fenómeno cinético.

"La música soy yo" exclamaba Beethoven y Soto nos invita a ser parte de su obra. A finales de los 60 creó los "Penetrables", la inmortal creación de hilos suspendidos de plástico flexible y otro de metales, que nos obligan a tener todos los sentidos puestos en el espacio, alterándolo según sea nuestra curiosidad. La genialidad del maestro universal del cinetismo se quedó para siempre en su ciudad natal, en los amplios salones del Museo de Arte Moderno Jesús Soto y en la ondeante Bandera que nos identifica como estado, con su amarillo oro, el verde bosque y el azul río que se conjugan en las ocho estrellas gloriosas de la patria libre.

Municipio Padre Pedro Chien

Capital: El Palmar.
Superficie: 2.275 Km.2.
Población: 11.288 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Chein y Río Grande.
Temperatura promedio: 22°C y 32°C.

El Palmar se fundó el 29 de septiembre de 1775 y el municipio se creó en el 29 de septiembre de 1995 día de su santo patrono San Miguel Arcángel. Su base económica siempre fue la ganadería y la agricultura, fundamentalmente la cría de ganado vacuno, llegando a poseer para los años previos a la Guerra de Independencia de Venezuela, uno de los rebaños ganaderos más importantes de las denominadas Misiones del Caroní, que eran administradas por los padres Capuchinos Catalanes, que se asentaron al Sur del Orinoco por mandato de las autoridades imperiales de España.

Esta tradicional actividad productiva se ha mantenido a lo largo de sus dos siglos y medio de historia y hoy constituye sin duda la principal base económica de El Palmar. En esta pintoresca población conocida como la "Tierra Fresca" vivió y practicó el apostolado eclesiástico el sacerdote de origen mongol Pedro Chien, quien gozó por varias décadas del afecto de la población y desarrolló una notable labor social en favor de la formación laboral de jóvenes y el acceso de la gente humilde a proyectos educativos, en la propia sede de su Casa Parroquial.

Sitios de interés:

  • Iglesia San Miguel Arcángel.
  • Plaza Bolívar.
  • Boulevard San Miguel.
  • Boulevard Don Pancho.
  • Balneario Río Grande.
  • Río El Oro.

El Palmar, un emblema con garras

scoltados por el Cerro El Toro donde según el imaginario colectivo está enterrado el tesoro de los capuchinos catalanes, dejamos atrás a la cordial Upata, para dirigirnos 90 kilómetros hacia el este del Estado a la población de El Palmar, una aldea "toda poesía y encantos, embellecida perpetuamente por la verdura de sus campos, la exuberancia de su vegetación y el espíritu de sus moradores laboriosos y pacíficos".

Así describió Víctor Maldonado en su libro Estado Bolívar, la vida paradisíaca que se disfrutaba en El Palmar de 1918 durante su estancia en el próspero hato La Trinidad, propiedad de Berardo Lezama, enclavado en pleno corazón del río Yuruari. Un atractivo que aún perdura en esta antigua población fundada el 29 de septiembre de 1746 por los misioneros catalanes con el nombre de "Misión de San Miguel del Palmar", por coincidir con el día de su patrono San Miguel Arcángel.

La conocida como "la tierra fresca de Guayana", por estar situada a 670 msnm, lo que le confiere una temperatura promedio de 23ºC, es la capital del Municipio Padre Pedro Chien, entidad de 12.194 habitantes (Censo, 2001) dedicada a una dinámica actividad agrícola y ganadera, siendo el principal productor de leche de la región.

El nombre del municipio hace honor a la figura de Pedro Chien un sacerdote católico nacido en la República de China, que llegó a El Palmar en el año 1958 para fortalecer la fe de los palmareños y quedarse en el corazón de este pueblo agradecido por sus buenos consejos y su labor social llena de bendiciones.

En la Iglesia San Miguel Arcángel de El Palmar podemos apreciar la imponente imagen tallada en madera del santo patrono, jefe de la milicia celestial que amenaza con su espada al enemigo infernal, una obra de arte con 200 años de antiguedad.

El Palmar está situado al pie de la sierra de Nuria, emplazada en una llanura ondulada dentro de la cuenca del río Yuruari y a través del río Grande conforma uno de los linderos de la Reserva Forestal Imataca, patrimonio forestal que cubre un área de 3.8 millones de hectáreas de la cual, 1.732.250 le corresponden al Estado Bolívar. De este macizo boscoso se extrae el 11% de la producción maderera del país, convirtiéndose en un elemento estratégico para el mantenimiento de la industria maderera nacional.

En esta reserva se concentra la mayor población registrada de águilas arpías, un total de 44 nidos han sido identificados y estudiados por el programa venezolano de la organización no gubernamental Earth Matter. Esta ave de rapiña, postulada por un sinnúmero de organizaciones ambientalistas para convertirse en ave emblemática del Estado Bolívar, es un pequeño halcón de gran agilidad que puede llegar a desarrollar una velocidad de 180 kilómetros por hora en el momento de capturar su presa.

Sus garras son las más grandes del mundo, incluso más que las de un oso pardo. El hábitat de la arpía se reduce a selvas poco intervenidas con una altura oscilante entre los 600 y 1.200 msnm, pero puede tolerar áreas donde haya explotaciones agrícolas, mineras o de cultivos alternativos dentro de las zonas boscosas.

Antes de iniciar el camino rumbo a la tierra de los "zorros guaches", es necesario pasearse por las calles de El Palmar donde es común encontrarse con las vendedoras del turrón de coco, las roscas de almidón y los tradicionales suspiros. Además, es una buena plaza para degustar los sabrosos platos típicos como el palo a´ pique (a base de arroz y frijol), el tarkarí de carnero y las cachapas en hoja de plátano.

Municipio Gran Sabana

Capital: Santa Elena de Uairén.
Superficie: 46.000 Km.2.
Población: 38.524 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Gran Sabana e Icabarú.
Temperatura promedio: 25°C y 35 °C.

Su capital fue fundada en el año de 1.923 por Lucas Fernández Peña, atraído por el auge diamantífero de la zona. A esta localidad se llega a por la Troncal 10 y se encuentra a 15 kilómetros de la frontera con Brasil, específicamente en el Km. 315. Este municipio fue creado por la Asamblea Legislativa del estado Bolívar en 1.990.

Esta población es apropiada para la tramitación de actividades turísticas en la zona, puesto que se encuentra cerca de las maravillas naturales más impresionantes de la Gran Sabana. La reserva natural forma parte del Parque Nacional Canaima y está ocupada totalmente por el macizo de las Guayanés, constituido por concentraciones rocosas antiguas, generalmente metamórficas, formadas por bloques de granito. Fue proclamada por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad en 1.994.

Sitios de interés:

  • Parque Nacional Canaima.
  • Laguna de Canaima.
  • Salto ángel.
  • Tepuy Roraima.
  • Kavanayen.
  • Salto Golondrina.
  • Poblaciones indígenas.
  • Salto Kama.
  • Quebrada de Jaspe.

La Gran Sabana, el territorio del Wasaká

En el ascenso podemos sentir el cambio de la temperatura que refresca y alcanza su clímax al llegar a la entrada del impactante sitio desde donde se visualiza el tope septentrional de la Gran Sabana, a 1.500 msnm. El paisaje de la altiplanicie consiste en una sucesión de cuestas muy amplias que declinan altitudinalmente hasta alcanzar los 840 msnm en la población de Santa Elena de Uairén, capital del municipio Gran Sabana, el de mayor importancia geopolítica del Estado Bolívar por ser el principal centro poblado de intercambio comercial en los 1.700 kilómetros de frontera venezolana con Brasil y vigilante de las áreas protegidas de alto valor patrimonial y cultural para Venezuela y el mundo.

Estamos entrando en el territorio del Wazaká -el árbol del mundo- y el Kapepiakupé -el lago donde se formó el mundo-, como lo llaman los habitantes milenarios de estas tierras originarias de la etnia pemón. Este grupo indígena pertenece a la familia lingüística caribe y se considera el tercero más importante del país en cuanto a población y el primero del Estado Bolívar. Según cifras arrojadas por el censo indígena realizado en 2001, existen un total de 27.270 indígenas pemones de los cuales 13.910 son hombres y 13.360 son mujeres.

Sus escenarios naturales son las cuencas de los ríos Caroní y Paragua y sus prácticas de subsistencia se basan en la pesca, la cacería y la agricultura mediante sistemas de conucos, siendo sus principales cultivos la yuca amarga, mapuey, cambur, maíz, caraotas negras, algodón y tabaco.

Su vivienda es de tipo criollo unifamiliar y pueden ser de base circular conocida como churuata o de base rectangular llamada tapüi, con paredes de barro y techos de palma. Para sus danzas tradicionales se pintan sus cuerpos con tava o caolín y llevan adornos de plumas, hojas de palmas y despojos de caza.

El pemón y su hábitat son un todo cultural inseparable (Gutiérrez, 1978), por eso son los eternos guardianes del Parque Nacional Canaima, sitio declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1994. Creado el 12 de junio de 1962 como Parque Nacional, en él predominan paisajes contrastantes desde densas selvas arbóreas hasta infinitas sabanas abiertas dominadas por vegetación herbácea e inmensas mesetas que se elevan como castillos protectores de las deidades indígenas.

Podemos incluso escuchar la voz de la serpiente que susurrando le decía a Makunaima: "Tu individualidad se desvanece cuando llegas a la sombra de los tepuy, donde las chicharras han invitado a todas las aves a participar…" y tan cierto es, que cualquier humano que visite el Parque Nacional Canaima pierde esa particularidad del ser para integrarse como un todo a la naturaleza mágica de los tepuyes, como llaman en lengua indígena pemón a estas imponentes montañas, uno de los principales atractivos del Parque.

Estas fortalezas rocosas más allá de inducir en el imaginario colectivo la creencia de un mundo perdido lleno de dinosaurios o míticos dioses, son grandes macizos de areniscas depositadas sobre el basamento del Escudo Guayanés hace 1.600 a 1.700 millones de años atrás, posiblemente sedimentadas en un ambiente lacustre o marino alcanzando espesores de varios miles de metros que fueron fracturados y erosionados posteriormente, durante los cientos de millones de años bajo alternancias de climas áridos y húmedos, sometidos a procesos tectónicos por lo que son rocas que se desmenuzan fácilmente, de allí las formas casi geométricas con paredes verticales que presentan los tepuyes (Huber, 1985), los cuales pueden alcanzar alturas hasta de 2.723 metros como el Roraima-tepuy, el más alto del conjunto de montañas del Parque Nacional Canaima.

La flora existente en la cima de estos tepuyes es de un alto endemismo que sólo se consiguen en estas alturas, donde el alma se rejuvenece ante las coloridas Heliamphoras, Stegolephys, Bonnetia, Chimantaea (exclusiva del Chimanta-tepuy) y Droseras. La famosa Heliamphora es una temida carnívora que los científicos prefieren llamar insectívora porque en su mayoría sus víctimas son hormigas y otros insectos.

Por otra parte, la fauna muestra densidades poblacionales bajas destacando la pequeñísima ranita de color negro, del género Oreophrynella, muy curiosa porque al verse en peligro se convierte en una bolita inmóvil. También puede avistarse el zorro guache (Nasua nasua), una especie de rabipelado (Didelphys albiventris) y especies de murciélagos.

Lo mejor de todo es la ausencia de los molestosos zancudos o "puri-puri" (Simulidae) que tanto abundan en las tierras bajas (Huber, 1985). El Parque Nacional Canaima, por su extensión de 3 millones de hectáreas, está dividido en dos sectores, el oriental y el occidental. Este último conocido como Canaima abarca un millón de hectáreas delimitadas entre el río Karuai al este y el río Caroní al oeste.

En este sector encontramos las localidades de Kamarata, Kavac, Urimán y Canaima con su hermosa laguna que se forma en el río Carrao, así como también el Macizo del Chimantá y el Auyán-tepuy donde se encuentra el Kerepakupai-merú, conocido mundialmente como Salto ángel, una soberbia cascada de 980 metros de altura que suele confundirse con el Churún-merú, un salto menor de poco más de 300 metros situado a unos 10 kilómetros al suroeste del Salto ángel.

En el Auyán-tepuy o montaña del infierno, según la mitología pemón, viven los espíritus malignos de Mariwitón y Tramán Chitá, por lo que son incapaces de subir hasta su cumbre, pero para los turistas "criollos" y extranjeros, el Auyán-tepuy es la montaña más grande de todo el Parque con más de 700 kilómetros cuadrados de superficie cuyos bordes alcanzan los 1600 metros en su flanco norte y los 2460 en el sur, tan hechizante que los hace volver una y otra vez.


El Macizo del Chimantá explorado en época reciente, esconde bellezas paisajísticas y tesoros biológicos únicos para la ciencia en sus 1.470 kilómetros cuadrados de superficie. Una de sus impresionantes mesetas alberga en sus entrañas la cueva de cuarcita más grande del mundo descubierta hasta hoy, con una longitud cartografiada de 4.482 metros que fue bautizada como "Cueva Charles Brewer Carías", en honor a su descubridor, cueva que posiblemente sea también una de las más antiguas sino la más antigua de la Tierra.

El sector oriental del Parque Nacional Canaima mejor conocido como la Gran Sabana, ocupa una extensión de 2 millones de hectáreas que abarca desde Sierra Lema hasta la frontera con Brasil. Durante el trayecto se pueden observar las amplias sabanas húmedas que incluyen elementos tepuyanos hasta alcanzar el sitio denominado Quebrada de Pacheco en donde comienzan a visualizarse los morichales que festonean los bosques de galerías y las sabanas que se tornan más secas. Hacia el Este podemos apreciar los tepuyes orientales: Tramen-tepuy, Ilú-tepuy, Karaurin-tepuy, Yuruaní-tepuy, Wedakapuiapué-tepuy, Uei-tepuy, Kukenán-tepuy y el majestuoso Roraima-tepuy con 2.723 msnm, siendo el de mayor elevación de todos los tepuyes, considerado por la mitología pemón el tronco del árbol que cargaba todos los frutos buenos.

En la cara sur del Kukenán-tepuy se desprende vistoso el salto del río Kukenán conocido por los indígenas como Kamaiwak-merú, la cuarta caída de agua más alta del mundo y la segunda en importancia en Venezuela con 610 metros después del Salto ángel. En la medida en que caen los rayos del sol, apreciamos en los tepuyes una policromía de tonalidades debido a los líquenes y algas que cubren las paredes de las rocas. Un ocaso que nos brinda una de las imágenes más sugestivas e impactantes de estas antiguas tierras de leyendas milenarias.

Este paraíso lleno de energía ancestral nos abruma de color con las más de 500 especies diferentes de orquídeas que existen sólo en él, además de poseer una fauna excepcional de 145 especies de mamíferos, 495 especies de aves, 60 especies de anfibios, 70 especies de reptiles y 50 especies de peces agrupadas en 5 órdenes y 17 familias, con 14 especies endémicas.

Sin embargo, el plan rector del Parque Nacional Canaima ha identificado a los mamíferos: oso hormiguero y armadillo gigantes, perro de agua, tigre y cunaguaro manigordo como especies en peligro de extinción.

Enclavado en estos parajes encontramos la Estación Científica Parupa, uno de los sitios más reconocidos en Latinoamérica dedicado a la investigación y al conocimiento de la cuenca alta del río Caroní y de la Gran Sabana. Sus instalaciones están bordeadas por el río Parupa y fue creada en octubre del año 1993 por la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y su filial CVG Edelca con el objetivo de promover investigaciones en la cuenca del río Caroní, formar el recurso humano local y difundir información para sentar las bases necesarias que aseguren la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales presentes en la cuenca.

Muy cerca de Parupa encontramos la comunidad de Kavanayén donde apreciamos el hermoso salto Karuai, el Sororopán-tepuy y casi podemos divisar el Wei-tepuy o La Aguja, muy usado como referencia por los pilotos aeronáuticos de la zona. En este sector hallamos el salto Aponwao donde para algunos es obligatorio disfrutar del primer chapuzón en las aguas ambarinas que cubren toda la cuenca del Caroní, más adelante encontramos el mágico salto Kamá que nos embruja con su particular belleza, quizás porque, según la tradición pemón, nació en él la Venus Zonda-Tiká, diosa de la melodía y de las sierras.

Cuando atravesamos el río Yuruaní podemos apreciar al este sus saltos de gran valor paisajístico entre los que encontramos el Arapena-merú y más adelante adentrado en el bosque de galería, el enigmático Kako-parú, mejor conocido como Quebrada de Jaspe donde nos impacta su lecho plano de rojiza coloración y pequeños saltos escalonados, conformado por rocas de origen volcánico conocidas como jaspe que dan el nombre a la quebrada.

La bendición de este viaje es contemplar al final, lo que se conoce coloquialmente como la coronación de los tepuyes. Las masas de aire provenientes de los vientos alisios del este se encuentran con la presencia de los tepuyes por sus vertientes nororientales y orientales, y se ven obligadas a ascender y formar grandes masas nubosas de extraordinario desarrollo vertical envolviendo las mesetas, originando las grandes precipitaciones que, como agua bendita vendrán a nutrir el nacimiento del Caroní, río que comienza a tomar este nombre a partir de la unión de los ríos Yuruaní y Kukenán.

En este encuentro de las aguas, la fuerza del Caroní se vuelve indómita con el aporte de numerosos ríos como el Aponwao y el Ikabarú que con sus aguas alimentan los saltos tan impresionantes como el Eutobarima y Aripichí, sitios con potenciales de aprovechamiento hidroeléctrico proyectados por CVG Edelca para el alto Caroní.

Después de dejar atrás las comunidades indígenas de San Francisco y San Ignacio de Yuruaní y de atravesar los más variados y alucinantes paisajes, llegamos al valle inferior del río Uairén donde se emplaza la fronteriza ciudad de Santa Elena de Uairén, capital del Municipio Gran Sabana, de historia reciente narrada desde la visión de esos hombres de "guáramos" como Lucas Fernández Peña y el Conde Cattaneo quienes se internaron en esas sabanas fronterizas de Venezuela en los años veinte en busca del Dorado y a la vez defenderlas de las constantes incursiones inglesas, en una tarea emancipadora que consolidó la soberanía nacional.

La historia reconoce en el espíritu aventurero y tenaz del venezolano Lucas Fernández Peña la fundación del poblado de Santa Elena de Uairén, el 16 de septiembre de 1923. Una proeza en la que participó también Antonio Gastón Cattaneo Quirón, Conde de Sedrano (Italia), un personaje que dedicó buena parte de su vida a la defensa de nuestros límites desde su nombramiento como Inspector General de Fronteras Orientales y Meridionales del Estado Bolívar con la Guayana Inglesa y Brasil.

Aquella tierra fría y nublada resultó buena no sólo para Fernández Peña sino también para los primeros misioneros capuchinos catalanes que llegaron a Santa Elena de Uairén en el año 1931 venidos de Tumeremo para fundar la primera misión, catequizar a los indígenas pemones, realizar el primer censo de la población y levantar los datos geográficos de la Gran Sabana. Luego fundaron las misiones de Kavanayén en 1942, Kamarata, Wonkén y La Paragua en 1944, para completar los cinco centros misionales que regentan los padres capuchinos actualmente en el Estado Bolívar.

En 1949 iniciaron la construcción de la Iglesia Catedral de Santa Elena de Uairén la cual incluye la casa parroquial, una hermosa construcción a base de piedras traídas de los alrededores.En las inmediaciones de Santa Elena de Uairén hacia el poblado minero de Ikabarú, Jaime Teófilo Hudson, mejor conocido como "Barrabás", hizo realidad el sueño de todo minero al encontrar aquel 10 de octubre de 1942 una piedra de alta pureza de 155 quilates, bautizada luego como el "Diamante Libertador", la más grande encontrada en Venezuela.


La explotación minera comenzó en esta zona en el año 1931 con el descubrimiento de yacimientos de oro y diamantes cerca del cerro Paraitepuy, a unos 40 kilómetros al oeste de Santa Elena de Uairén lo que activó un movimiento migratorio y una mayor afluencia de mineros a la zona. Luego, con la construcción de la carretera desde la capital del estado hasta la frontera, iniciada en 1956 y concluida en 1973 por el Batallón de Ingenieros del Ejército "Juan Manuel Cajigal", Santa Elena de Uairén experimentó un proceso dinámico de ocupación poblacional que vino acompañado de una dotación de infraestructura básica y de planes de desarrollo agrícola y social.

Asimismo, con la inauguración de la Aduana Principal Ecológica en agosto de 2005, Santa Elena de Uairén se constituyó en la puerta de entrada de las distintas mercancías provenientes del Mercado Común del Sur (Mercosur), del que Venezuela forma parte.


Para ese año el flujo comercial entre Brasil y Venezuela registrado a través de esta aduana, se incrementó en poco más de 200% al pasar de 98 millardos de bolívares y ubicarse en cerca de 200 millardos de bolívares en relación al año 2004 (Cifras Seniat). Hoy día la fisonomía del Municipio Gran Sabana con sus 9.220 habitantes (Censo, 2001) es completamente distinta a la de principios del siglo 20, conjuga su pujante actividad turística y comercial -atendiendo el 80% de la demanda turística internacional del país-, con su vocación minera.

Mas Información: http://www.parquesnacionales.com.ve/

Municipio Cedeño

Capital: Caicara del Orinoco.
Superficie: 67.624 Km.2.
Población: 95.000 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Caicara del Orinoco, Altagracia, Ascensión Farreras, Guaniamo, La Urbana y Los Pijiguaos.
Temperatura promedio: 30 °C y 40 °C.

Su fundación se realizó en el año de 1.762, cuando el gobernador de Guayana, Teniente don Manuel Centurión Guerrero de Torres, ordena la Fundación de Caicara. Luego se realiza una repoblación por don Pedro Bolívar en la parte de la actual población.

Para el año 1.800 el Barón Alejandro Humboldt visita esta Región, dejando sus datos e impresiones en la Obra Viaje a las Regiones Equinoccionales?. Para 1.881 Caicara fue Capital Provisional del Estado Bolívar, durante seis meses. En 1.816 el Libertador Simón Bolívar pasa y pernocta una noche en la Población, para organizar el cerco de Angostura.

La actual Santa Iglesia Parroquial fue reconstruida en 1.912 por el General y Prestíbero, Pablo Antonio Garrido, en homenaje a Nuestra Señora de la Luz, patrona bajo cuya advocación se encuentra el pueblo católico caicarense.

Sitios de interés:

  • Salto Chaviripa.
  • Salto Caripo.
  • Malecón de Caicara.
  • Nuestra Señora de la Luz.

Para llegar hasta Caicara del Orinoco, capital del municipio Cedeño, tenemos que cruzar el puente sobre el río Caura de más de 300 metros de largo que nos comunica igualmente con Puerto Ayacucho (Estado Amazonas) y a través de Cabruta (Estado Guárico) con el resto del país.

Esta ubicación le confiere un papel estratégico de gran importancia por el intercambio comercial que mantiene con los estados limítrofes.

Fundada en 1769 en el extremo norte del estado en la margen derecha del Orinoco a 60 msnm en una loma rocosa, Caicara del Orinoco es considerada la cuarta ciudad en importancia del Estado Bolívar, registrando el Municipio Cedeño un crecimiento demográfico relevante en la última década, pasando de 34.445 habitantes en el año 1990 a 57.917 para 2001 (Censo 2001).

Durante la época de la independencia fue un bastión importante para los patriotas que luchaban por la conquista de Guayana, aportando de su tierra fértil ganado para el ejército y valientes guerreros que combatieron en los llanos de Apure y en la Batalla de Carabobo. Por aquí pasó El Libertador del 12 al 15 de enero de 1818 antes de emprender la definitiva campaña del centro. Para muchos, Caicara del Orinoco ha sido el guayanés más proponente que engendró la emancipación. Llegó a ser capital del Estado Bolívar en 1881 y sede de la Asamblea Constituyente.

En nuestros días, el Municipio Cedeño es asiento de las minas de bauxita en el sector Los Pijiguaos y de las minas de diamante y oro en la zona del Guaniamo; además de ser una importante zona agrícola, pecuaria y pesquera, aunque es más conocida como la "Tierra de la Coroba". Se dice que la coroba es a los caicareños, lo que la zapoara es a los nativos de Ciudad Bolívar. Este fruto de la palma Coroba (Jessenia polycarpa) abunda en estas tierras de extensas sabanas, colinas, cerros y rocas de crestas redondeadas que pueden alcanzar hasta los 300 msnm.

De la coroba se elaboran sabrosas arepas, los famosos tolondrones (a base de plátano) y la rica mazamorra. Investigaciones recientes han revelado el potencial oleaginoso del fruto de esta palma desde aceite de su mesocarpio, harinas con diferentes contenidos grasos para la elaboración del pan, carbón activado, jabones y hasta un combustible ecológico. A decir de los caicareños, "el que no come coroba se vuelve loco".

Pero, al conocer las grandes reservas minerales que ostenta esta región, fácilmente podemos quedar perturbados sin necesidad de comer el fruto caicareño. Desde Los Pijiguaos hasta el sur del río Marieta en el Estado Amazonas existen por lo menos, cuatro a cinco depósitos de bauxita con un potencial que puede superar las 2.000 millones de toneladas (Mendoza, 2004).

Actualmente, la mina de bauxita localizada en la serranía de Los Pijiguaos posee una reserva probada de 200 millones de toneladas y su explotación está a cargo de CVG Bauxilum, empresa estatal que reportó para el 2005 una producción de 5.183.442 toneladas de bauxita, materia prima básica para obtener la alúmina (óxido de aluminio) requerida para la industria del aluminio. La bauxita es transportada por vía fluvial, a través del Orinoco, hasta la planta procesadora de alúmina ubicada en el parque industrial de Matanzas.

Asimismo, los ricos yacimientos de diamantes ubicados en el sector del Guaniamo, al oeste del municipio, datan de 1968 cuando pequeños mineros descubrieron en el sector Quebrada Grande, los primeros diamantes aluvionales; luego, en 1982 la acción de los monitores hidráulicos de los mineros hizo aflorar la primera kimberlita en la zona. Desde la fecha de aparición en 1968 hasta el presente se han extraído más de 25 millones de quilates de diamantes (Mendoza, 2000).

Pero la fortuna no es sólo encontrar un diamante de alta pureza como los que abundan en el Guaniamo. Hay otras clases de riquezas, como la que encontró a comienzos de la década de los años setenta el escritor uruguayo, autor del libro "Las venas abiertas de América Latina", Eduardo Galeano en su paso por estas minas. El escritor, afectado por el paludismo, no sólo entendió que "un mosquito puede ser más peligroso que una serpiente" sino que sus vivencias por las tierras caicareñas relatadas en su novela Días y Noches de Amor y de Guerra, le valieron en el año de 1978, el premio literario Casa de Las Américas, fortuna literaria que lo hizo brillar a falta del diamante de Guaniamo.

De Caicara es el artista plástico Régulo Pérez nacido en 1929 y que ha brillado como pintor, escritor, caricaturista e ilustrador de reconocida fama mundial. Para el escritor Carlos Yusti, la obra de Régulo "nos enseña que la pintura, la caricatura o la escritura son la posibilidad de lo inesperado, de lo placentero, del color como forma de expresión y vida". Quizás porque así fue su infancia en un pueblo ribereño donde según sus propias palabras "pasaban cosas fantásticas", tantas que el Régulo adulto explotó en color, en metáfora, en palabra escrita y en dibujo crítico. Por eso el historiador guayanés Rafael Pineda supuso que el Régulo niño se sintió atraído por los enigmáticos petroglifos que a su paso encontraba y que seguro "en el futuro, esa realidad adánica reaparecería como una de las constantes del artista, propio de quien ha echado en la tierra sus raíces de identidad".

si hay algo que identifica esta vasta región son los petroglifos o rocas pintadas -como las llamó Humboldt-, hechos por los aborígenes con una antigüedad que data del año 600 A.C. Los que apreciamos en Caicara son llamados: "La francesa", "El burro con patines" y "El sol y la luna". Insólitamente, podemos encontrar a este último en el solar de la Familia Tovar, en la calle Riobueno del Barrio Caja de Agua. Las "cosas fantásticas" de Régulo Pérez que aún pasan en la "tierra de la coroba".

Municipio El Callao

Capital: El Callao
Superficie: 46.000 Km.2
Población: 38.524 habitantes (O.C.I. 2.005)
Parroquias: El Callao.
Temperatura promedio: 25°C y 32 °C.

Entre el siglo XVIII y el siglo XIX, en El Callao, antes del municipio y antes de los españoles y la colonia, habían indígenas Mariquitare en la zona, pero poco a poco, algunos exploradores, buscando a esclavos escapados, y esos esclavos africanos por cierto estaban en cercanías del río Yuruari y lo usaban de escondite, al ser encontrados, son devueltos a su trabajo, pero gracias a ellos, pudieron encontrar un lugar perfecto para hacer una población, mataron y esclavizaron indígenas de la zona, y fundaron la población de El Callao, con el tiempo, vendrían hechos que harían a El Callao, una población con varias lenguas, africanas, por haber muchos africanos esclavos en esta población, ingleses y franceses por invasiones a territorios españoles, y algunos pocos que hablan español, por estar en un país casi totalmente de habla hispana.

En el Yuruari se encontraron grandes yacimientos de oro, que hicieron a El Callao desarrollarse rápido, hace poco hubo ciertos tratados con varios países del mundo para explotarlo.

El municipio se hace oficial el 7 de diciembre de 1.991. Junto a la creación de la localidad vinieron el escudo y la bandera.

Este municipio es claramente recordado por pobladores y visitantes, no sólo por el oro, sino también porque cada año se convierte en el lugar de encuentro para disfrutar de sus carnavales, donde la mezcla de las costumbres españolas con las venidas de los inmigrantes de tierras como Trinidad y de la Guyana, protagonizan una verdadera fusión cultural que da origen al calipso y los ritmos propios de las parrandas de esta fiesta, en la que se unen el español, el inglés y el papiamento (dialecto de la zona) para conformar cantos que son únicos.

Sitios de interés:

  • Plaza Bolívar.
  • Catedral Metropolitana.
  • Museo del Oro.

El Callao oro, calipso y carnaval en la cuenca del Yuruari

Al aproximarnos a la tierra del oro y el calipso, comenzamos a observar un paisaje de relieves más abruptos de colinas y lomas pronunciadas que suelen estar asociadas al cinturón de rocas verdes que en él se encuentran. Una vegetación boscosa con suelos que impresionan por el acentuado color rojizo, nos avisa que estamos llegando al pueblo donde según el folklore popular, "un solitario minero, que se encontraba embombao le dio su nombre a El Callao". ìY como no mantener tan valioso hallazgo en silencio! Si es que "embombarse" es coronarse con un rico yacimiento de oro.

La sede capital del Municipio El Callao, flanqueada en su parte norte por el valle del río Yuruari, fue fundada en 1864 en las antiguas tierras pertenecientes a la Misión de San Félix del Cantalicio de Tupuquén, construida por los misioneros capuchinos en 1770, muy cerca de la quebrada de Caratal donde al parecer "los indígenas encontraban a flor de piel pepitas de oro que le entregaban a los misioneros" (Fernández, 1995). Así, cuando el boom estalló en la cuenca del Yuruari, esa parte de la Guayana venezolana comenzó a ser conocida como la tierra del oro, el calipso con su carnaval y, sorpresivamente, del fútbol.

El hallazgo aurífero se le atribuye a un ciudadano brasilero de nombre Pedro Joaquín Ayrey quien en el año 1842, en el sitio conocido como "Paso de los Caballos" avistó la presencia de oro en las arenas del río Yuruari, despertando nuevamente el mito eterno del "Dorado". Esto trajo consigo un vertiginoso crecimiento socio-económico, que implicó el otorgamiento de concesiones de exploración y explotación por parte del gobierno de la época y la incorporación, por primera vez en la historia moderna de Venezuela, de compañías auríferas trasnacionales inglesas y francesas, las cuales marcaron el nacimiento de la era industrial que hoy conocemos.

El anecdotario popular cuenta cómo en El Callao se jugó fútbol por primera vez en Venezuela, al igual que el tenis y el hipismo, deportes introducidos por los "musiúes". De igual modo, mientras a finales del siglo XIX la élite caraqueña sólo conocía el brandy como excentricidad de los grandes gourmet de la época, en El Callao disfrutaban del champagne y del filé de miñón.

Fue ese boom aurífero el detonante para amalgamar, con el correr de los años y el ingreso de obreros negros de origen africano con sus familias provenientes de las colonias inglesas y francesas vecinas, una nueva cultura guayanesa orgullosa de identificarse con ese ritmo contagioso, reflejo de su idiosincracia. "El calipso conocido también como cambulé en este pueblo, conservó los tambores bumbac y la presencia de las madamas en las comparsas, vestidas a la usanza de la Francia aristocrática; luego adoptó el cuatro y el rayo indígena, la fantasía de diablos, del negro pinto y de otros diseños de trajes fastuosos para brindarnos una hermosa expresión folklórica que se extendió por toda Guayana" (Salazar, 2001).

Papel preponderante cumplió en este arraigo cultural la pasión desbordada de la imponente negra Isidora Agnew quien invadía las calles del pueblo con su alegría infinita y su ronca voz al compás del Easter Morning y El Callao Tunai. Isidora fue y seguirá siendo la eterna reina de los carnavales y la enérgica luchadora de las tradiciones y de las causas justas. "Todos buscaban a Isidora porque ella lo abarcaba todo, organizaba las fiestas, dirigía las comparsas y liderizaba los reclamos. Si no había trabajo, hablaba con el Presidente de la República para que funcionaran las minas" (Fernández, 2001).

Junto al recuerdo de Isidora, las madamas relucen con sus llamativos trajes floridos multicolores, fondos de encajes, turbantes, pañoletas y todos los accesorios en oro. Es que hasta la imagen de la Virgen custodiada por la casi centenaria Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, está coronada con diadema de oro y piedras preciosas elaborada por los fieles orfebres del pueblo. La intención es brillar en las hermosas comparsas que recorren al ritmo del calipso, las calles de un pueblo desbordado en turistas cuidadosos de no tropezarse con el "medio pinto", uno de los personajes típicos de esta tradición que tiñen todo su cuerpo con una mezcla de "negro humo", papelón y agua.

Al son de la canción "medio, medio pinto" van amenazando a los visitantes con pintarlos a cambio de dinero. Los que sí no asustan, a pesar de las impactantes y coloridas máscaras de múltiples cachos, son los "diablos", personajes que con látigo y tridente en mano, mantienen el orden dentro de las comparsas cuidando de separarlos del público ávido de integrarse a una forma de ser y vivir propia del callaoense, que infringe una rumbosa algarabía a las festividades del carnaval, las más famosas y tradicionales del Estado Bolívar y a decir de muchos, de Venezuela.

Con sus 17.410 habitantes (Censo 2001), El Callao marca un capítulo extraordinario en la evolución histórico-cultural del Estado Bolívar y en el crecimiento económico de Venezuela, con la explotación industrial del oro. Actualmente, la empresa aurífera estatal CVG Minerven, con una capacidad instalada de 378 mil ton/mineral/año y unas reservas probadas de 99.3 toneladas de oro, tiene a su cargo la explotación y comercialización de las minas subterráneas Sosa Méndez, Colombia y Unión, ubicadas en El Callao.

La llamada veta Colombia es considerada una de las más ricas del mundo, estimándose más de cuatro millones de toneladas de mineral con un tenor de 20 gramos de oro por tonelada de material extraído de la mina. Esta empresa obtuvo una producción de 3.756 kilos de oro refinado en el año 2005 con un procesamiento diario de 886 toneladas de mineral (CVG, 2005).

Municipio Caroní

Capital: Ciudad Guayana
Superficie: 1.700 Km.2
Población: 809.468 habitantes (O.C.I. 2.005)
Parroquias: Cachamay, Chirica, Dalla Costa, 11 de Abril, Simón Bolívar, Unare, Universidad, Vista el Sol, Pozo Verde y Yocoima.
Temperatura promedio: 25 °C y 35 °C.

Página WEB: www.alsobocaroni.gob.ve  

Ciudad Guayana, Capital del municipio Caroní, fundada en 1961, con los centros poblados de San Félix, Puerto Ordaz, Curichana y Castillito.

En 1.637 el gobernador Diego López Escobar decidió mudar la ciudad de Santo Tomé de Guayana para la boca del Orinoco, en la Ranchera Caroní, pero su teniente de gobernador se vio obligado a incendiarla después de dos ataques de los holandeses.

El 9 de febrero de 1.952 sé llamó oficialmente Puerto Ordaz, en honor a Diego Ordaz, conquistador del río y la Guayana.

En el período de 1.952 al 1.961 se da comienzo a la construcción de ciertas empresas básicas, en lo que fuera el hato Matanzas ubicado a 17 Km, de puerto Ordaz.

El 2 de julio de 1.961 se ordeno la fundación de la nueva ciudad donde se celebro la Batalla de San Félix, 11de Abril de 1817.

Luego el 2 de diciembre de 1.979, mediante Decreto de la Asamblea Legislativa del Estado Bolívar, se cambió el nombre por el de Ciudad Guayana.

Esta es considerada la 6° ciudad más importante de Venezuela por ser asiento de las empresas básicas del estado y líder de la producción metalúrgica mundial, esta conformada por las poblaciones de Ciudad Guayana y San Félix.

Ambas se encuentran unidas por dos puentes sobre el río Caroní, el cual fluye hasta desembocar en el Río Orinoco.

Sitios de interés:

  • Parque La Llovizna.
  • Centro de Total Entretenimiento Cachamay.
  • Misión de la Purísima Concepción del Caroní.
  • Parque Cachamay.
  • Cerro Chirica.
  • Castillos de Guayana.
  • Ecomuseo del Caroní.


La urbe planificada

Hermanadas por sus orígenes fundacionales, Ciudad Piar se conecta con la moderna Ciudad Guayana por un sistema vial, compuesto por la vieja carretera del Km.70 y por la autopista que nos conduce desde Ciudad Bolívar hacia Ciudad Guayana. Al tomar esta última vía, el Orinoco nos acompaña en un recorrido paisajístico que se prolonga por tierras onduladas, conformadas por las rocas de la provincia geológica de Imataca y en donde logramos apreciar leves ascensos y descensos, al atravesar lomas bajas y pequeños valles, escoltados por bosques de galerías dominados por las extensas sabanas achaparradas y morichales.

Hacia la ribera encontramos los caseríos de Angosturita, Palmarito, San José de Bongo, Las Galderas y La Ceiba, que juntos encierran infinitos potenciales turísticos y pesqueros, asociados a una diversidad de fauna y flora que los hacen atractivos para el turismo ecológico y la investigación.

La garza morena, la garza blanca, la chenchena y la cotúa son algunas de las 245 especies de aves, distribuidas en 17 órdenes y 45 familias, identificadas -hasta ahora- por los investigadores locales en el corredor ribereño del bajo Orinoco.Hacia los lados de Las Galderas, existe uno de los garceros más extensos registrados en el sur del Orinoco, ideal para la reproducción de la garza morena.

Es todo un espectáculo de colores y sonidos, navegar en horas de la tarde por las cercanías de este sitio y maravillarse con el ir y venir de esta especie de ave, atravesando el Orinoco en busca de alimento para sus crías. Es un ecosistema que nos regala el prodigio de observar las juguetonas toninas y los escurridizos manatíes, mientras nos invitan a integrarnos en perfecta armonía con la naturaleza.

Como perfecta es la visión que nos conquista cuando allá, a lo lejos, poco antes de llegar a Ciudad Guayana, divisamos el II Puente sobre el Orinoco, una majestuosa obra de ingeniería de 3.180 metros de longitud y 24.70 metros de ancho, que viene a consolidar el desarrollo de la margen norte del río Orinoco y el eje oriental del país, impulsando a su vez, el intercambio comercial y turístico con el norte del vecino Brasil.

La superestructura mixta de acero y concreto, obra promovida por el Estado venezolano a través de la Corporación Venezolana de Guayana, se inició el 15 de octubre de 2001, para erigirse en el primer sistema vial de puente mixto construido en el país.

Cuenta con una red de 166 kilómetros de carreteras, para la conexión del puente con los estados Anzoátegui, Monagas y Bolívar, además de la trocha ferroviaria ubicada en el centro del puente.

Como guardianes del Orinoco, las cuatro torres de acero de 120 metros de alto, similar a un edificio de 40 pisos, que sostienen el puente atirantado, nos acompañan en los últimos kilómetros que nos separan de la única urbe planificada y una de las ciudades más progresistas de Venezuela, asiento de las empresas básicas del país.

Bordeada por los ríos Orinoco y Caroní, la moderna Ciudad Guayana, capital del Municipio Caroní, entidad que concentra el 53.1% de la población total del Estado Bolívar (Censo, 2001) representada en 646.541 habitantes, es conocida como la cuarta ciudad más importante de Venezuela y vivo ejemplo de la integración de los pueblos.

Creada el 2 de julio de 1961, producto de la unión de San Félix, Puerto Ordaz, Caruachi, Castillito y Matanzas, Ciudad Guayana es una metrópoli donde la tradición y la modernidad se acoplan en un crecimiento vertiginoso como ninguna otra ciudad del país, armonizando hábitat natural con el desarrollo urbano.

Así fue concebida desde su concepción, cuando el 29 de diciembre de 1960 se crea la Corporación Venezolana de Guayana, con el fin de impulsar el desarrollo integral de esta inmensa región, llamada a elevar los niveles de bienestar de la población, mediante la creación de una ciudad moderna, el fomento de las industrias básicas siderúrgicas y del aluminio, además del desarrollo del potencial hidroeléctrico del río Caroní a través del aprovechamiento racional y la transformación aguas abajo de los ingentes recursos que posee esta noble tierra.

Ciudad Guayana, como centro de la industria pesada nacional, es catalogada hoy día como el mejor escenario para la masificación de frentes transformadores de las materias primas estratégicas que son el acero y el aluminio.

Las empresas protagonistas de estas perspectivas de desarrollo son CVG Venalum, cuya producción se ubicó el año 2005 en 435.937 toneladas de aluminio primario; CVG Alcasa, con una producción de aluminio primario de 186.706 toneladas, para el mismo período y Ternium Sidor, empresa privada con participación accionaria del Estado venezolano y los trabajadores, con una producción de acero cercana a los 4 millones de toneladas/año (2006).

A ellas se suman otras empresas grandes, pequeñas y medianas, públicas y privadas, para conformar un escenario productivo global y multidisciplinario, en torno al cual gravita una visión de desarrollo integral, tal como lo vislumbró El Libertador Simón Bolívar, en el discurso pronunciado ante el Congreso de Angostura: "Ya la veo, enviando a todos los recintos de la tierra, los tesoros que abrigan sus montañas, de plata y oro. Ya la veo, comunicando sus preciosos secretos a los sabios, que ignoran cuán superior es la suma de las luces, a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza".

Una sorprendente visión del Libertador de aquel paraíso terrenal descrito por Cristóbal Colón, al que se le suma en abundancia el recurso agua para nutrir las posibilidades reales y ciertas de dar soporte a una nueva economía venezolana no petrolera.

Y es que desde antes de su fundación, Ciudad Guayana ya visualizaba el agua como medio hidráulico cuando en 1953 se iniciaron los primeros estudios para identificar y cuantificar el potencial hidroeléctrico de la cuenca del río Caroní.

Este río de aguas color ámbar, producto del alto contenido de ácidos húmicos y taninos disueltos, posee en sus 958 kilómetros de recorrido, desde su nacimiento en el Kukenán-tepuy hasta la desembocadura en el Orinoco (Cifras, 2005), una pendiente de 1.43 metros por kilómetro, condición única para el desarrollo de proyectos hidroeléctricos.

Macagua I, central hidroeléctrica construida en 1956, es la pionera de ese proyecto con un potencial generador compuesto por seis turbinas para una capacidad instalada de 360 megavatios, destinado a cubrir las necesidades energéticas de la proyectada industria siderúrgica en la zona.

Luego en 1963 se crea Electrificación del Caroní (Edelca), empresa tutelada de la Corporación Venezolana de Guayana destinada a ejecutar el desarrollo de los distintos complejos hidroeléctricos proyectados en el Bajo y Alto Caroní.

Así se inicia en el Cañón de Nekuima, a 90 kilómetros aguas arriba de Macagua I, la construcción de la central hidroeléctrica Guri, la segunda más importante del mundo, con una generación de 10.000 megavatios.

Visitar Guri y sobrevolar el octavo embalse de mayor volumen de agua represada en el mundo -111.104 millones de metros cúbicos-, en una superficie de 4.250 kilómetros cuadrados, formado por el represamiento de las aguas del Caroní y el río Paragua, es maravillarse con esa conjunción del ingenio humano y de la fuerza que irradia la Madre Naturaleza.

En Guri sentimos la armónica expresión de esos elementos a través del arte extendido a sus anchas en los enormes espacios de la Sala de Máquinas, donde la genialidad del artista venezolano Carlos Cruz Diez cobra vida con sus composiciones cinéticas de colores superpuestos; en la Torre Solar creada por el maestro guayanés Alejandro Otero, una monumental estructura metálica de 50 metros de alto, coronada por dos turbinas eólicas superpuestas, con aspas que giran en direcciones opuestas por la acción del viento, que se eleva amparada por gigantescas rocas de granito guayanés en el centro de la Plaza de la Democracia, otra impactante obra diseñada por el artista Domingo álvarez, ubicada muy cerca de la sorprendente Plaza del Sol y de la Luna, que nos invita a caminar sobre el ingenioso reloj de sol para conocer los meses y las horas solares.

También podemos ver el arte expresado en los antiguos petroglifos encontrados en Guri con extraños diseños de estilo naturalista, realista y figurativos, atribuidos a motivos religiosos propios de los pueblos antiguos y que podemos apreciar en las instalaciones de esta represa y en el Museo de Ciudad Bolívar.

Vendría luego la central hidroeléctrica Macagua II, el mayor de los desafíos técnicos por estar situada en el perímetro urbano de Ciudad Guayana. Pero el hombre, con su espíritu visionario y el dominio de la ciencia y la tecnología, supo armonizar las fuerzas desarrollistas con la belleza de un entorno natural, inimaginable en una ciudad industrial y cosmopolita, creando una obra monumental de ingeniería como la represa Macagua II, con capacidad para generar 2.570 megavatios, sin alterar las corrientes de agua que surten imponentes saltos como La Llovizna y Cachamay.

En sus amplios espacios naturales encontramos la Plaza del Agua y al oeste de la casa de máquinas II, impactándonos con su color rojo vivo, el Ecomuseo del Caroní, el sitio de encuentro para la historia, la ecología y el arte. A sólo 25 kilómetros aguas arriba de Macagua II, en un lecho rocoso sobre el que discurre soberbiamente el Caroní, se alza altiva la recién inaugurada represa de Caruachi, una obra excepcional de ingeniería que tiene una capacidad para generar 2.196 megavatios.

Bordeando el embalse de Caruachi, en la vía que conduce a la represa de Guri, nos encontramos con la imponente Piedra del Elefante, una mole granítica que afloró por efectos de la erosión y en cuyo interior fueron halladas pinturas rupestres representativas de figuras humanas y formas de animales.

Este lago de 237 kilómetros cuadrados de superficie, ofrece hermosas playas para el sano esparcimiento y disfrute de sus visitantes, además de celebrase en él anualmente la conocida pesca deportiva del pavón, una actividad destinada a impulsar el turismo en la zona.

Actualmente, CVG Edelca adelanta la construcción de Tocoma, la última central hidroeléctrica del Bajo Caroní ubicada a 15 kilómetros aguas abajo del embalse de Guri que tendrá una capacidad de generación de 2.160 megavatios y la misma entrará en operación en el año 2012. Con una visión de vida fundamentada en valores y dirigida hacia el logro de un desarrollo sustentable, CVG Edelca aportó en el año 2005, el 72% de la energía consumida por la sociedad venezolana al suministrar 75.025 millones de kilovatios/hora, ahorrando al país el equivalente de 156 millones de barriles de petróleo (Cifras, 2005). Una vocación de grandeza que continuará impetuosa ante el reto de los próximos proyectos hidroeléctricos de Tayucay, Aripichi y Eutobarima en el Alto Caroní y la proyectada represa Auraima, en el río Paragua, las cuales, en conjunto, generarán un potencial por el orden de los 7.250 megavatios.

La ciudad que florece entre parques

Ciudad Guayana se dice que es la única ciudad de Venezuela enclavada dentro de un parque natural que es el Gran Parque Urbano Caroní integrado por La Llovizna Cachamay, Loefling y Punta Vista donde encontramos una flora y fauna representativa de los bosques ribereños e islas del bajo Caroní.

En estos parques se encuentran 223 especies de fauna silvestre, 148 de ellas son aves, 26 mamíferos, 34 reptiles y 15 anfibios; mientras que entre las especies de plantas más comunes de estos ecosistemas resaltan: guayabita rebalsera (Psidium sp.), jobo (Spondias mombin), guamochigo (Campsiandra laurifolia), guateconejo (Cynometra cf. parviflora) congrio (Ascosmium cf. nitens), caramacate (Piranhea cf. trifoliotata) y el pilón rebalsero (Andira cf. retusa), entre otras. (Rosales, 1990).

El más extenso de los parques es Loefling con 245 hectáreas de vegetación boscosa representativa de la flora y fauna del Estado Bolívar.

El nombre de este parque hace honor al botánico sueco Pedro Loefling quien encabezó la primera expedición científica a estas tierras en 1755.

En sus amplios espacios naturales donde aún existen vestigios de la antigua aldea Cachamay de los aborígenes que habitaban estas tierras durante la época precolombina, Loefling nos invita a integrarnos en un todo con la biodiversidad presente en él, a través de la contemplación de las 857 coloridas especies de orquídeas propias de los bosques de Guayana y de las especies de fauna que se encuentran en condiciones de cautiverio (caimán del Orinoco, tigre, serpientes, babas, báquiros, cunaguaro, entre otros) y grupos libres controlados, en su mayoría descendientes de los animales provenientes de la operación rescate efectuada en Guri en el año 1968, antes del represamiento de las aguas del embalse.

Este parque se funde entre arboledas con la maravilla paisajística que ofrecen los parques Cachamay y Punta Vista que en sus 52 hectáreas de superficie, nos regalan la magia natural de los potentes raudales espumosos, que nos reciben en una primera imagen cautivante del indómito Caroní, para luego envolvernos en la hermosura de las lagunas naturales y en sus densos bosques de colores cambiantes -según sea la época del año-, tomados libremente por los monos capuchinos, acompañantes fieles de los largos paseos a través de los senderos, donde la armonía de la naturaleza se convierte en música con el trinar mañanero de la paraulata, la curruñatá o el cristofué, especies emblemáticas de la avifauna guayanesa.

Aunque, sin duda, el parque La Llovizna destaca por la espectacular caída de agua de unos 20 metros de altura que nos impacta ante la fuerza que imprime el Caroní en su última vuelta, antes de entregarse por entero al majestuoso Orinoco.

La Llovizna debe su nombre a esa bruma misteriosa, producida por las millones de gotas de agua que al chocar contra las rocas, se elevan en un rocío refrescante para beneplácito de los visitantes deseosos de disolverse en esa llovizna permanente.

El propio Walter Raleigh en 1595, describió la sonora caída de agua de la Llovizna como "formando una torre de una iglesia y cayendo con tal furia que el rebotar de las aguas causaba la impresión de una inmensa humareda que se desprendiera de una enorme ciudad, mis compañeros ardían en curiosidad por acercarnos más al horrísono cataclismo líquido".

Una eterna neblina o "humareda" que eleva el espíritu ante tanta belleza indomable de los raudales y las apacibles lagunas, que bordean las 26 islas entrelazadas por hermosos puentes y senderos sumergidos en el denso bosque que cubre las 160 hectáreas del parque La Llovizna.

Paseando por sus senderos de helechos y orquídeas, podemos tropezarnos con el chiguire, el mono capuchino, la pereza de dos dedos, el mono araguato, el sapito minero, encontrando en las lagunas cachamas en abundancia, aymaras, guabinas, payara y coporo.

Todo un estallido de color y sonidos recreados acertadamente por el hacedor de parques Rafael Mendoza quien supo pincelar en La Llovizna todo el amor desmedido que siente por la naturaleza, creando una variedad de jardines con especies autóctonas de la región y una serie de obras recreativas como el Teatro de Piedra.

Esta "pequeña selva enclavada en Ciudad Guayana", como le dice Mendoza, nos atrapa para liberarnos del ritmo acelerado de una ciudad en permanente progreso y, más aún, erigirse en un ecosistema que, aunque intervenido por el hombre, es el mejor salón de clases para enseñar la importancia de conservar la rica diversidad de flora y fauna de nuestra región y valorar la riqueza hídrica del Caroní, antes de su desembocadura en el Orinoco.

Este encuentro de las aguas, como comúnmente decimos en Ciudad Guayana, es un fenómeno natural digno de esos códigos silenciosos que el medio ambiente establece en su faena diaria de la creación. Un espectáculo tan asombroso, que hizo correr al explorador Walter Raleigh hasta la cima de las primeras colinas de las llanuras cercanas al río y contempló "esa maravillosa escisión de las aguas que corren Caroní abajo" y que nosotros podemos contemplar desde la plaza Bolívar de San Félix.

El suelo heroico de San Félix

esde antes de cruzar el puente Angosturita, vamos sintiendo la portentosa brisa ribereña, avisándonos del privilegio de observar cómo el indomable Caroní desemboca apacible en el "río padre", luego de sortear toda clase de murallas de rocas, concreto y turbinas. Si lo cruzamos temprano en la mañana, la luz del sol nos regala un amanecer diáfano, teñido de suaves colores que se diluyen en aquel horizonte majestuoso donde el Caroní y el Orinoco se juntan para siempre! una imagen que el alma agradece.

La danza de las aguas turbulentas del Orinoco acompañadas por la fuerza del río Caroní, como algunos prefieren llamarla, se extiende a lo largo del Malecón de San Félix en la margen derecha del Orinoco, en un paseo contemplativo bajo la sombra de los inmensos apamates, ceibas y samanes que lo bordean, alejando el calor que ya despunta a media mañana. Más allá, la Concha Acústica, el recinto para la expresión libre de las ideas, la cultura y la recreación.

En este malecón se realiza cada año el tan esperado Paso a Nado Internacional de los ríos Orinoco y Caroní, una de las competencias deportivas más importantes de la natación venezolana en aguas abiertas, donde los competidores tienen que cruzar una distancia de 3.100 metros, desde la margen izquierda del Orinoco en el poblado de Barrancos de Fajardo (estado Monagas) hasta el Malecón de San Félix, atravesando aguas del Orinoco y aguas del Caroní aún no mezcladas en este tramo. Frente a este bulevar encontramos la sede del Palacio Municipal y muy cerca, la plaza Bolívar de Ciudad Guayana que resalta por su variado diseño arquitectónico multicolor representado en las figuras que simbolizan las cinco naciones emancipadas por el Libertador.

San Félix está impregnado de historia. Su fundación se remonta a los pueblos pertenecientes a la antigua Misión de la Purísima Concepción de Nuestra Señora del Caroní, el más próspero de los centros religiosos fundados por los capuchinos catalanes en 1724. Las investigaciones realizadas por el Padre Félix de Vegamián, el pueblo de San Félix fue fundado en 1769 al sur de la sabana de Chirica, sin embargo, el religioso Nectario María establece que fue entre los años 1770 a 1771, según sus indagaciones hechas en el Archivo General de Indias (Villalobos, 1989).

Lo cierto es que en lo que hoy conocemos como las Ruinas del Caroní, sólo quedan vestigios del esfuerzo evangelizador y del dinamismo productivo que desempeñó esta importante misión en la Guayana colonial. En San Félix está colocada la piedra fundacional de Ciudad Guayana, cercada por el bien llamado Parque La Fundación donde aquel 2 de julio de 1961 retumbaron las voces de unidad, progreso, independencia económica, bienestar colectivo, libertad que dejaron huellas en el devenir histórico de una tierra en la que siempre se librarán batallas por un futuro próspero, siempre se moldearán los sueños más nobles acaso quizás, por estar asentados en el guerrero suelo de la Mesa de Chirica.

La Batalla de San Félix es un hito importante en el proceso histórico de la emancipación de Venezuela, luego de la pérdida de la Primera y Segunda República. La victoria obtenida por el General Manuel Piar, el 11 de abril de 1817 ante el ejército del Brigadier Miguel de La Torre, en la Mesa de Chirica, consolidó la llamada tercera fase de la República, al liberar la Provincia de Guayana del dominio español, lo que permitió al Libertador Simón Bolívar afincar todos los poderes supremos y relanzar al glorioso ejército patriota a la independencia de otras colonias españolas en América hasta el Potosí en Bolivia.

A las dos de la tarde, bajo el sol incandescente de aquel 11 de abril, el General Piar, al mando de un batallón de 500 fusileros, 800 lanceros, 400 jineteros y 500 indios flecheros, desplegó cuanto pudo a su tropa en la Mesa de Chirica resguardados por el Cerro El Gallo, el gran protector de los patriotas que aseguró el elemento sorpresa y donde aún "resuena el eco de las dianas de Piar y sus voces de mando en el combate" (Rodríguez, 1964).

De esta victoria refulgió la octava estrella en la Bandera Nacional para una Guayana libre. Así lo decretó el Libertador el 20 de noviembre de 1817: "A las siete estrellas que lleva la Bandera Nacional de Venezuela se añadirá una, como emblema de la Provincia de Guayana, de modo que el número de las estrellas será en adelante ocho". Un sueño atesorado desde entonces que se vio materializado 189 años después cuando, finalmente en 2006 la Asamblea Nacional aprobó una modificación de ley para la incorporación de ese signo glorioso de la independencia venezolana que destelló en la Batalla de Chirica bajo la natural protección del Cerro El Gallo, suelo heroico de San Félix.

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